La invitación había convocado a las empresas tecnológicas más destacadas y a los ingenieros de IA más brillantes de todo el mundo para un intercambio cara a cara.
Casi todas las grandes personalidades habían llegado con anticipación. Como era de esperarse, los organizadores invitaron en primer lugar a Hugo Yáñez, presidente de Corporativo Alba, para dar el discurso de apertura. Desde el escenario, el presentador lo llamó un par de veces por el micrófono, pero nadie respondió en la audiencia.
Alguien de Corporativo Alba se acercó para susurrarle algo al asistente del presentador, quien de inmediato se disculpó explicando que había leído mal el orden de la lista y le cedió el turno a Yago Leal, presidente de Grupo Nexo, para dar las palabras de inauguración.
Un murmullo de asombro recorrió la sala. Era una cumbre de suma importancia a la que habían viajado élites empresariales de todo el mundo, y Hugo Yáñez había llegado tarde.
Recién en el minuto veinte de la conferencia, las puertas del gran salón se abrieron.
Hugo, acompañado por Cristina Figueroa, hizo por fin su aparición.
Cristina se detuvo justo en la línea donde la luz cortaba la sombra del pasillo. Su vestido largo con escote palabra de honor parecía estar bordado con polvo de estrellas, delineando una figura envidiable. Su piel de porcelana y sus facciones exquisitas parecían casi irreales.
Más que asistir a una cumbre tecnológica, parecía la estrella principal de una gala de la alta sociedad. Deslumbrante, de una belleza inalcanzable.
Especialmente por el bolso de superlujo de la última temporada que llevaba en la mano, una edición limitada a nivel mundial de la cual no existían más de dos piezas y que solo se vendía en el país de origen.
Vania, al igual que la mayoría de los presentes, se maravilló por un instante ante el rostro absolutamente deslumbrante de Cristina.
Por desgracia, esa admiración no le duró ni dos segundos antes de voltear la mirada.
Sinceramente, ni Cristina ni Hugo le interesaban lo más mínimo.
Hugo acompañó a Cristina hasta los asientos reservados por los organizadores en la primera fila.
Detrás de ellos, los ejecutivos de Grupo Nexo y Corporativo Alba ya habían comenzado a murmurar entre sí.
—¿Acaso llevó a su novia de compras a una boutique de lujo? Llegar tarde a una conferencia tan importante... Se nota que la mima como a una reina.
—Ese bolso que lleva la señora Cristina solo se puede comprar aquí. Ayer ella se enojó, y hoy el señor Yáñez se lo compró como disculpa. Solo para que te ofrezcan ese bolso tienes que gastar millones en la tienda. Si no eres un cliente VIP con un patrimonio multimillonario, ni siquiera tienes derecho a ver la foto del catálogo, mucho menos a comprarlo.
Yago también escuchó esos chismes y miró a Vania con cierta preocupación.

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