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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 232

Vania vio que Hugo parecía esbozar una leve sonrisa hacia ella.

*Debe estar loco*, pensó.

Rápidamente se enderezó en su asiento. Cristina, humillada por la perfecta sincronía entre Vania y Yago, no se atrevió a seguir usándolos como tema de conversación.

Yago, por su parte, no le dio ni una pizca de cortesía. Como si temiera contagiarse solo por rozar el dobladillo del vestido de Cristina, se mantuvo sentado de lado, pegado a Vania, como si Cristina fuera algún tipo de virus peligroso.

El protocolo continuó con la exhibición de nuevos productos de las distintas empresas tecnológicas y el intercambio de ideas sobre la optimización de la inteligencia artificial, donde cada representante exponía sus opiniones.

Hugo había perdido su oportunidad de dar el discurso de apertura, pero como líder indiscutible del sector tecnológico de Nueva Alborada, Corporativo Alba también había traído sus propios desarrollos para presentar.

Era inevitable que alguien de su equipo subiera al escenario para la demostración.

Sin embargo, cuando el presentador anunció el turno de Corporativo Alba, el nombre que resonó en el salón no fue el del presidente, sino el de Cristina Figueroa.

Los altos ejecutivos tanto de Grupo Nexo como de Corporativo Alba captaron el mensaje al instante.

Con razón un gigante como Corporativo Alba, que nunca solía participar en estas competencias tecnológicas, se había dignado a asistir y exponerse ante los medios internacionales. Todo era para impulsar la carrera de esta nueva vicepresidenta.

Querían darle proyección internacional a Cristina.

Esto ya no era un simple apoyo; era todo el peso de Corporativo Alba respaldándola incondicionalmente.

Los directivos comprendieron de inmediato que, de ahora en adelante, no solo debían obedecer ciegamente al señor Yáñez, sino que debían ganarse el favor de esta señora Cristina si querían sobrevivir y prosperar en la empresa.

Cristina también pareció sorprendida.

Evidentemente, no estaba enterada de esto. Bajando la voz, le preguntó a Hugo con tono dulce y sumiso.

—¿No crees que es inapropiado? Además, siempre he mantenido un perfil bajo. He publicado muchísimos artículos, pero siempre bajo seudónimo. Nadie debería saber que soy yo.

Hugo respondió con un tono neutro, casi desapasionado.

—Tarde o temprano, Corporativo Alba será tuya y de Xavier. Yo solo soy una ayuda.

Esa frase hizo que las mejillas de Cristina se tiñeran de un rojo intenso.

—Qué es eso de tuyo o mío —murmuró suavemente—. Todos saben que tú eres el verdadero presidente. Aunque alguna vez fue la empresa de él, ahora te pertenece a ti.

Y al final, Cristina añadió con dulzura:

—Y lo mío también es tuyo.

Hugo enarcó una ceja levemente. La conversación entre los dos se vio interrumpida por los repetidos llamados del presentador.

Cristina se levantó, sosteniendo su largo vestido, y varios asistentes se acercaron de inmediato para ayudarla con la cola. Pero en ese momento, Hugo se puso de pie de repente y se inclinó.

Ante la mirada atónita de todos, algunos de los titanes tecnológicos que conocían la reputación de Corporativo Alba vieron a la figura que tanto temían, el mismísimo diablo de Sudamérica del que solo habían escuchado historias aterradoras, inclinar su noble cabeza para arreglarle el vestido a una mujer.

Los asistentes del evento, al notar la situación, retrocedieron apresuradamente. Todos presenciaron cómo ese hombre imponente y poderoso se rebajaba voluntariamente a ser un simple acompañante para Cristina.

Hubo miradas de envidia, pero también expresiones de desdén.

Cristina tenía el rostro radiante, rebosante de orgullo.

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