Entrar Via

Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 246

En secreto, todo el mundo pensaba que Yago y Vania ya eran pareja.

Pero también había quienes comentaban:

—¿No se suponía que la directora Zapata estaba casada y tenía una hija? Ese escándalo fue porque su hija sufrió acoso escolar, y el culpable fue nada menos que el hijo de Cristina, la vicepresidenta de Corporativo Alba.

—¿Y por qué solo vimos disculparse a la vicepresidenta Cristina y a la directora Zapata? Nadie mencionó una sola palabra sobre el esposo de la directora. ¿No debieron disculparse con ambos?

—Quién sabe. Se rumorea que la familia del esposo la desprecia. Dicen que ni su marido ni sus suegros la respetan, y que tampoco se hacen cargo de la niña...

—Pero nuestro señor Leal parece estar muy cerca de ella. La otra vez los vi comiendo juntos con su hija. Seguro el jefe quiere ocupar el puesto.

Los rumores volaban rápido, y no solo dentro de su empresa; llegaron incluso a oídos de Corporativo Alba.

Se decía que el señor Leal y la directora Zapata estaban saliendo.

Cristina quedó expuesta en la primera plana de las noticias de entretenimiento durante siete días seguidos.

El primer día que lo vio, casi se desmaya del coraje.

Cuando fue a buscar a Hugo, él solo le hizo una pregunta:

—¿Qué le dijiste a Vania?

Cristina se quedó muda.

Le había confesado a Vania que Hugo le transferiría las acciones de Empresas Zapata a ella.

Pero no entendía qué clase de contactos tenía Vania como para atreverse a humillar así a la familia Yáñez.

—¿No podemos demandarla?

Si Vania se atrevía a arruinarla, ella también podía llevarla a los tribunales.

Hugo frunció el ceño con frustración.

—No tenemos pruebas.

Cristina enmudeció por completo.

Durante días, caminó con la cabeza gacha, sintiendo la vergüenza sobre sus hombros.

Ni siquiera se presentó en la oficina.

Y al llegar a la mansión de los Yáñez, tuvo que soportar los regaños y comentarios afilados de Sonia Salazar.

Sonia la acusó de no saber cuidar el prestigio de la familia. Sin embargo, a quien más insultó fue a Vania, argumentando que había hecho un escándalo desproporcionado por un simple altercado entre niños.

Llena de indignación, Sonia fue a quejarse con la matriarca de los Yáñez.

La abuela había visto la declaración de disculpa desde el primer instante, pero había decidido fingir ignorancia. Y ahora, Sonia iba a tocarle la puerta.

—Mírela, señora, ¿le parece correcto lo que hizo Vania? Con esto está arrastrando el nombre de nuestra familia por el barro para que todo Nueva Alborada se ría de nosotros.

Estos días ni siquiera me atrevo a salir a jugar cartas con mis amigas; todas me preguntan qué pasó. Usted sabe que Cristina es una mujer educada y sensata, no como esa vulgar de Vania, que drogó a Hugo para acostarse con él, destruyó su relación con Cristina y arruinó la vida de...

La abuela la miró fijamente y la interrumpió de tajo.

—Ambas son tus nueras. ¿Acaso no sabes controlarlas tú misma? ¿De qué sirve venir a llorarme a mí? Cuando tú eras la nuera recién llegada, ¿acaso te atrevías a armar estos alborotos?

Sonia se atragantó, incapaz de articular palabra ante el regaño de la anciana.

—¿Entonces vamos a dejar que Vania haga lo que le dé la gana sin ponerle un límite?

Esas palabras casi hacen que Hugo rechine los dientes de rabia.

Vania estaba cubierta de espinas; era imposible siquiera acercarse a ella sin salir lastimado.

—Y una cosa más: si de verdad le entregó esas acciones a Cristina, entonces no nos queda nada más de qué hablar. Pienso llevarme a Luna de aquí. Señor Yáñez, me da igual si prepara usted los papeles del divorcio o si lo hago yo.

—Ya te dije que esos trucos no funcionan conmigo. Si de verdad quieres el divorcio, lee detenidamente nuestro acuerdo prematrimonial antes de venir a buscarme.

El acuerdo prematrimonial. Siempre el mismo cuento.

Ella, más que nadie, deseaba saber qué decía ese maldito documento.

—No lo tengo.

Hugo resopló.

—Había tres copias originales. Yo me quedé con una y tú te llevaste otra. ¿A qué juegas?

Vania hablaba en serio; jamás había visto ese documento.

—Entonces muéstrame tu copia.

Hugo soltó una carcajada amarga, como si acabara de escuchar el chiste más grande del mundo.

—Deja de jugar conmigo. La última vez te mostré mis dos copias y me dijiste exactamente lo mismo. Te las llevaste y las quemaste. Ahora que solo queda esta última, ¿qué nueva trampa estás planeando?

Vania, ya me cansé de tu teatrito. Si de verdad perdiste la memoria, ve a ver a un médico para que te cure, y luego tratas de recordar todas las locuras que has hecho desde que nos casamos.

En la mirada de Hugo, Vania solo pudo distinguir un asco absoluto.

Como si ella fuera la peor criminal de la historia...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama