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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 281

Elena estuvo a punto de morir del coraje.

Cristina escuchó todo a la perfección desde un lado.

—Escucha eso, ¿acaso tiene corazón? Dile a Hugo que no haga ningún trato con ella, que se aleje de sus estupideces. La familia Zapata cayó en desgracia hace mucho, este círculo no tolera a gente como ella. Cris, a esa hermanastra tuya, no tienes por qué reconocerla. Te lo digo yo.

Al pensar en su esposo aún en la sala de terapia intensiva, Elena sentía un dolor insoportable.

Y su odio hacia Vania Zapata se volvía cada vez más visceral.

La mirada de Cristina se ensombreció.

Tomó su celular y llamó de inmediato a Hugo Yáñez.

Vania pasó varios días esperando noticias de la comisaría.

Para su sorpresa, nadie fue a buscarla.

Tampoco le dio más importancia.

Siguió yendo a trabajar como siempre, enfocada en establecer su propio estudio.

Ambos habían decidido no desarrollar el proyecto del robot de compañía inteligente dentro de la empresa.

Yago fue a buscarla y la encontró completamente concentrada en su trabajo, como si no pasara nada.

Justo cuando Vania terminaba una parte de su tarea, levantó la mirada y vio a Yago.

—El Grupo Alba celebrará una licitación mañana. Todas las empresas importantes del círculo han sido invitadas.

Vania se mostró confundida.

—¿Una licitación? ¿Tienen un proyecto nuevo?

Yago sonrió con frialdad.

—Si no me equivoco, es el robot de compañía inteligente que nosotros rechazamos. Siguen sin querer desarrollarlo internamente.

A Vania no le sorprendió en absoluto.

La propuesta de Cristina era un robo descarado de su idea, así que era obvio que no sabía cómo hacerla realidad.

Vania siempre había estado a cargo del departamento de tecnología de Corporativo Alba.

Al irse, dejó atrás al personal clave. Estaba por verse si Cristina realmente entendía algo sobre inteligencia artificial.

El equipo de Cristina seguramente tenía recursos.

Pero hasta el equipo más fuerte necesita a alguien capaz de dirigirlo y gestionarlo.

Para su desgracia, cuando Vania se marchó, se llevó consigo el verdadero cerebro de la operación.

—¿Iremos mañana? —le preguntó Vania a Yago.

Yago sonrió.

—Por supuesto que iremos. Robaron nuestra idea, nos negamos a cooperar, y ahora hacen una licitación pública para demostrar que no tienen la capacidad de hacerlo ellos mismos. Ir a reírnos un rato no suena mal. No sé en qué estaba pensando Hugo Yáñez al dejarte ir de la empresa y poner a Cristina como Directora Ejecutiva en Corporativo Alba. Es un desastre total.

A Vania no le importó el comentario.

Ella conocía bien el Grupo Alba.

Se decía que el representante legal seguía siendo César Yáñez, el difunto esposo de Cristina.

Aunque él ya no estuviera, Vania no sabía qué métodos había usado Hugo, pero la empresa seguía a nombre de César.

En resumen, Corporativo Alba le pertenecía a Cristina.

En realidad, no tenía mucho que ver con Hugo.

Pero Hugo era famoso por su devoción ciega hacia su hermano.

Y ese cariño se extendía a los suyos.

Si su hermano ya no estaba, era natural que apoyara a su cuñada y a su sobrino para que tomaran el poder.

Tras escuchar las palabras de Vania, Yago suspiró profundamente.

—El señor Yáñez es verdaderamente terco con esa mujer.

Yago sintió que había hablado con demasiada ligereza estando ella presente.

Afortunadamente, Vania no parecía estar triste en absoluto.

—Tampoco es para tanto —respondió ella—. Si no fuera porque Xavier no se parece en nada a Hugo, hasta dudaría si ese niño no es hijo de los dos.

Decía que lo hacía por el hijo de su hermano, pero ni a un hijo propio se le consentía hasta ese punto.

¿Acaso faltaban hombres en el mundo que ignoraban a sus propios hijos?

Aunque también era comprensible.

Nunca imaginó que Vania, de quien siempre se burlaba, le robaría el protagonismo de esa manera.

—Hugo, ¿esa no es mi hermana?

Sin necesidad de que Cristina se lo advirtiera, Hugo ya había visto a Vania junto a Yago, luciendo como la pareja perfecta.

Yago era el sinónimo del éxito.

Y al ser la primera vez que asistía con una acompañante, acaparó toda la atención.

La mirada de Hugo se volvió sombría y su cuerpo se tensó involuntariamente.

Cristina pensó que era una ilusión.

Hugo apartó la mirada de inmediato, su rostro se oscureció un poco, pero pareció restarle importancia.

—Vamos hacia allá.

Al ver que Hugo se alejaba, Cristina lo siguió de prisa.

Por dentro estaba furiosa.

Vania estaba provocándolos en sus propias narices.

¿Acaso Hugo no iba a intervenir para echarla de ahí?

Seguro había usado todas sus artimañas para pegarse a Yago y lograr entrar.

Cristina no creía que Vania estuviera allí por asuntos de negocios.

Estaba segura de que había ido por Hugo.

Cuando se emitió el anuncio de la licitación, supuso que Vania aparecería.

Pero no esperaba que hiciera tanto alboroto ni que usara a Yago para ganar notoriedad.

*Ja...*

Los ojos de Cristina se oscurecieron.

Mejor así.

Cuando llegara la policía, esperaba que Vania pudiera seguir sonriendo con tantas ganas.

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