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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 282

Cristina no tardó en verse rodeada por varias mujeres de la alta sociedad.

—Señora Cristina, ¿esa no es Vania Zapata, la misma que hace cinco años arruinó su relación con el señor Yáñez? ¿Qué hace ella aquí?

—¿Ahora se colgó de Yago Leal del Grupo Nexo? Ay, los hombres siempre piensan con la cabeza equivocada. Mírenla, aparte de su cara y su cuerpo, ¿qué tiene de especial?

La señora Valadez de Vuelo Global y Yolanda Soler de Sinergia Comercial la miraban con desprecio, pero se dirigían a Cristina con profundo respeto.

Todos sabían que Hugo y Cristina habían sido la pareja ideal hace cinco años.

Hasta que Vania se interpuso, destruyó su romance y terminó casándose con el hermano de Hugo, para luego, irónicamente, terminar como la esposa de Hugo.

Para estas mujeres de la alta sociedad, Cristina era un modelo de virtud a seguir.

Y a la que más despreciaban era a Vania, considerándola una mujer sin talento que solo sabía robarle los hombres a las demás.

Cristina sostenía una copa de vino, con una expresión de falsa compasión mientras fingía defender a Vania.

—No digan eso, claro que tiene sus talentos. Aunque, al final del día, no somos de la misma clase. En un rato, el mejor postor se llevará la licitación de Corporativo Alba, espero contar con el apoyo de ambas.

La señora Valadez y Yolanda adoptaron una actitud aduladora.

No notaron la impaciencia ni el desprecio en los ojos de Cristina.

Si no fuera para sumar aliados en contra de Vania, ni se molestaría en hablar con personas a las que consideraba inferiores.

—Por supuesto que sí. Usted y el señor Yáñez hacen la pareja perfecta, además de que usted es tan brillante y experta en negocios. ¿Cómo podría compararse con ella? Es solo una cualquiera.

Cristina escuchó esto con mucha satisfacción, mientras que Hugo, a su lado, frunció el ceño de forma casi imperceptible, acumulando una densa sombra de molestia en su mirada.

Yago y Vania seguían rodeados de gente.

Incluso hubo quienes plantearon la gran duda.

—Señor Leal, es la primera vez que asiste con una acompañante, ¿es su novia?

Yago, en efecto, nunca había llevado compañía a un evento público.

Era el soltero de oro que todas las jóvenes de la alta sociedad tenían en su lista de candidatos.

Con Vania a su lado, no solo los periodistas estaban intrigados, sino que todas las mujeres solteras del salón miraban a Yago como lobos hambrientos.

Antes, Hugo solía ser el trofeo más codiciado en este tipo de eventos, pero como siempre se dejaba ver acompañado de Cristina, la mayoría de las mujeres ya habían perdido la esperanza y cambiado de objetivo.

Hugo observaba todo con frialdad.

Alguien le dio un ligero golpe en el hombro.

Adrián Mendoza sonrió con malicia.

—Alguien con buen ojo acaba de llegar.

Señaló a Yago.

Hugo lo miró sin ninguna expresión, justo cuando Cristina se acercaba.

Iker Uribe se interpuso estratégicamente entre Cristina y Hugo, rompiendo el contacto visual.

—Hablando en serio, ¿de verdad no sientes nada por Vania?

Hugo por fin miró fijamente a Adrián e Iker.

—¿A ustedes les gusta? A mí no me importa.

Cristina alcanzó a escuchar esa última frase.

—¿Qué no te importa? Hugo, ¿de qué están hablando?

Ella se aferró al brazo de Hugo con naturalidad.

Adrián la saludó con un tono tibio.

—Vaya, si es la cuñada... Ah, no, ¿Hugo te devolvió la empresa? Tu estatus ahora es indudable, ya no podemos llamarte cuñada, tenemos que decirte Directora Cristina.

Frenó en seco.

Se dio la vuelta.

Caminó un par de pasos y de pronto giró la cabeza.

—Sus novias están por regresar al país. Ya tendrán tiempo para divertirse.

Adrián e Iker palidecieron al unísono.

—Hermano, no nos hagas esto. Solo queremos lo mejor para ti. Mateo nos dijo que ella perdió cinco embarazos por tu culpa, si vas a tener a otra, al menos no lo hagas tan descaradamente, déjale una salida.

Al decir esto, Adrián vio cómo el atractivo rostro de Hugo se volvía aterradoramente oscuro.

Dio un salto del susto y se refugió detrás de Iker.

En este círculo nadie era tonto. Entre hipocresía y sentimientos reales, estos herederos sabían distinguir mejor que nadie.

Cristina era demasiado falsa, Vania demasiado ingenua, y ya no podían quedarse mirando.

—¿Y desde cuándo son tan íntimos de mi esposa? —soltó Hugo.

Adrián cerró la boca al instante.

Cristina seguía parada en su lugar, pasando de estar pálida a recuperar algo de color poco a poco.

Cuando Hugo regresó a su lado, las piernas casi no le respondieron.

Temblaba, sintiendo que el mundo daba vueltas.

—Señora Cristina, ¿se encuentra bien? —exclamó alguien.

Por encima del mar de periodistas, Vania vio cómo Cristina se desvanecía suavemente en los brazos de Hugo.

Y la mano de Hugo, de manera precisa, se posó en su cintura.

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