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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 493

—Ya casi es hora de comer. Invito yo, así podemos seguir charlando en el restaurante.

La oportuna intervención de Dante cortó la tensión entre Hugo y Yago. Como ninguno quería arruinarle el día al Comisionado Zúñiga, ambos decidieron guardar las garras.

Bajo la organización de Dante, el grupo se dirigió a almorzar.

Mientras tanto, Cristina Figueroa presidía una junta general de directivos en Corporativo Alba.

Era la primera vez desde la fundación de la empresa, tras la salida de César Yáñez, que Hugo no estaba presente.

Sentada en la cabecera de la mesa, Cristina desprendía un aura de arrogancia absoluta. En su antiguo lugar ahora se sentaba Luciano Figueroa, rodeado por los accionistas fundadores y la alta gerencia.

Sin Hugo a su lado, Cristina brillaba aún más. Finalmente era ella quien tenía el control.

Ahora todos la llamaban respetuosamente Directora Figueroa, y no porque le temieran a Hugo, sino por mérito propio.

Los accionistas la miraban con admiración. Los dividendos que proyectaban para el segundo semestre serían suficientes para asegurar el futuro económico de sus bisnietos.

El respaldo hacia Cristina era innegable.

Vanessa estaba sentada junto a ella, luciendo un aire de superioridad.

Al haber apostado por el bando ganador, se había convertido en su inamovible secretaria de confianza.

Mientras Vanessa repartía las carpetas con la orden del día, Cristina expuso su ambicioso plan: recortes drásticos de presupuesto, contratación masiva de pasantes universitarios y el despido inmediato de los empleados de base con sueldos elevados.

La mayoría de los accionistas apoyó la propuesta sin dudarlo.

Sin embargo, hubo algunas voces disidentes que cuestionaron si despedir a los empleados fijos para reemplazarlos por practicantes sin experiencia sería perjudicial a largo plazo.

Después de todo, aunque los pasantes no cobraban sueldo, tampoco conocían el ritmo de trabajo de la empresa.

Sus periodos de práctica solían durar entre tres y seis meses. Justo cuando la empresa lograba capacitarlos, se marchaban, obligando a los gerentes a repetir el ciclo con nuevos novatos.

Esto aumentaba la carga laboral de todos los departamentos y representaba una enorme pérdida de tiempo.

Cristina escuchó las objeciones con rostro impasible y no se molestó en justificarse.

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