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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 250

De la conmoción, Hugo pasó a la furia absoluta.

Sí, le había exigido que tomara anticonceptivos. Y ella misma las había sustituido por vitaminas, fingiendo un embarazo que luego resultó ser mentira.

Hugo se reclinó contra el asiento. La tormenta que se había formado en sus ojos comenzó a disiparse, enfriándose lentamente.

—¿Cuánto te pagó mi esposa para que me vinieras con este cuento?

Él sabía perfectamente que Miguel siempre le había tenido simpatía a Vania.

¿Abortar?

Si de verdad se hubiera quedado embarazada, ¿acaso habría tenido el valor de hacerlo?

Si lo que ella más deseaba en el mundo era tener otro hijo con él.

De hecho, ni siquiera era capaz de criar bien a Luna.

Si no fuera por esa supuesta pérdida de memoria, Luna seguiría siendo esa niña tímida y apocada, y él definitivamente no quería que su hija se consiguiera en el futuro a algún idiota inútil solo para darle un dolor de cabeza.

Miguel sintió un vuelco en el corazón.

¿Cómo se atrevería él a aceptar sobornos?

Si la había ayudado en el pasado, fue por pura lástima.

Además, gracias al respaldo de la abuela, Vania había logrado sobrevivir en esa casa hasta el día de hoy.

—De verdad, señor, nada de eso. Aunque debo admitir que, desde lo de su caída del balcón, la señora se ha portado muy distante con usted.

Hugo bajó la mirada y apagó el cigarrillo.

Efectivamente, así había sido durante el último mes.

No sabía si decir que el golpe le había averiado el cerebro o si, por el contrario, se lo había arreglado.

—Pero, señor Yáñez, yo creo que la señora lo ama profundamente. Seguramente todo esto es solo una táctica para llamar su atención. A veces... bueno, a veces usted trata a la señorita Cristina con demasiada cortesía.

Miguel intentaba interceder por Vania.

Hugo relajó la postura, sintiéndose extrañamente complacido.

El análisis de su asistente le resultaba mucho más reconfortante.

¿Qué tanto podía tramar Vania, al fin y al cabo?

Ya estaba harto de todos sus jueguitos de siempre, pero esta nueva estrategia, al menos, era innovadora.

Aunque si abusaba de ella, también terminaría aburriéndolo.

—¿Me estás diciendo que este acercamiento con Yago es solo para llamar mi atención?

—...

El auto llegó a la empresa y Hugo se bajó.

Miguel bajó a estacionar el vehículo en el garaje subterráneo.

Vio a Hugo entrar al imponente edificio de Corporativo Alba y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.

Él jamás había afirmado semejante cosa.

¿Acaso eso significaba que la señora Yáñez y el señor Leal...

estaban saliendo de verdad?

Miguel sintió que se avecinaba un desastre monumental, y de inmediato le envió un mensaje a la matriarca.

«La señora tiene pareja, y no es el señor Yáñez.»

El día doce de ese mes era el cumpleaños de la abuela.

Sonia Salazar recibió la orden de organizar el banquete familiar para ese fin de semana.

Sonia no dejaba de quejarse en silencio.

Recordaba claramente que la anciana había celebrado su cumpleaños apenas hacía dos meses. ¿Por qué iba a festejarlo de nuevo?

¿Acaso...

ya estaba perdiendo la cabeza?

La noticia del cumpleaños de la matriarca llegó a Vania a través del propio Miguel.

—¿Sabes qué le gusta a la abuela? ¿Qué le puedo regalar?

La anciana era la única persona de la familia Yáñez que la trataba con genuino afecto.

Vania quería demostrarle su gratitud.

Miguel sonrió de oreja a oreja.

—La señora dijo que lo único que quiere es que usted se ponga muy hermosa y asista a la fiesta.

La expresión de Vania se congeló por un segundo.

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