Se reuniría con el Comisionado Zúñiga y su comitiva.
La cita era en un exclusivo restaurante de mariscos.
Irónicamente, Cristina y su séquito de directivos de Corporativo Alba acababan de terminar su cena en ese mismo lugar.
Jamás imaginó que se encontraría a Hugo allí.
Hugo salía del área de salones privados junto a Zúñiga, y se toparon de frente con el grupo de Cristina.
Los empleados de Corporativo Alba, al reconocerlo, se apresuraron a saludar con deferencia.
Hugo les respondió con un leve asentimiento. Cristina parpadeó, sorprendida por la coincidencia.
Al ver al Comisionado Zúñiga, entendió la repentina distancia de Hugo. Había estado ocupado codeándose con altos mandos del gobierno.
Esos funcionarios habían sido amables con ella al principio, pero cuando descubrieron que no era la Vania que tanto buscaban, y sumado a su actitud altanera, se habían vuelto completamente fríos.
Cristina los aborrecía.
Detestaba a esos burócratas y funcionarios de gobierno.
Se sentían dueños del mundo solo por tener un cargo público y miraban a los demás por encima del hombro.
En el fondo sabía que el comisionado estaba interesado en reclutar a Vania.
Pero confiaba plenamente en que Hugo jamás recomendaría a su odiada exesposa.
—Hugo... —murmuró Cristina con un tono suave y sugerente.
Hugo hizo un gesto formal hacia ella y sus directivos, como si fueran meros conocidos.
El Comisionado Zúñiga, que tenía una pésima imagen de Cristina, y Valerio Sosa, que tampoco la soportaba, la ignoraron olímpicamente.
Cristina se dijo a sí misma que no necesitaba la aprobación de esos sujetos. Si ellos no le daban importancia, ella tampoco se rebajaría a fingir simpatía.
Había tratado con hombres poderosos antes, y este comisionado no era más que un viejo engreído.
Sentía náuseas solo de tenerlos cerca.

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