—Pero tampoco hay que preocuparse demasiado —dijo Yago con tono protector—. De ahora en adelante redoblaremos la seguridad. Cuando el señor Sosa llame, irás a la base escoltada por un comando de fuerzas especiales.
—Tranquilo, Yago —respondió Vania con una sonrisa suave—. Esos matones creen que eliminándome acabarán con el proyecto. Pero, ahora que lo mencionas, esto me da la idea de capacitar a algunos de nuestros jóvenes investigadores internamente. Si algo llegara a pasarme, ellos podrían continuar con el proyecto sin ningún problema.
Yago frunció el ceño de inmediato. Escucharla hablar como si estuviera dictando su testamento le heló la sangre.
—No digas tonterías —la regañó con severidad—. A cualquiera le puede pasar algo, pero yo jamás permitiré que te ocurra nada a ti.
Tener a Yago a su lado le daba a Vania una inmensa sensación de paz.
Se quedó pensativa un momento y, de pronto, le asomó una chispa traviesa en los ojos.
—Yo estaré bien, pero... ¿y si es a la Oficial Quiroz a la que le pasa algo?
Los oscuros ojos de Yago brillaron con nerviosismo y las palabras se le escaparon de la boca.
—¿A ella qué le pasó? ¿Te enteraste de algo? Solo tenía un raspón en el brazo, ¿acaso volvieron a atacarla?
La ráfaga de preguntas hizo que Vania soltara una carcajada incontrolable. Solo entonces Yago se dio cuenta de que había caído en la trampa.
—¿Desde cuándo te volviste tan traviesa, eh? —suspiró él, impotente—. Ahora te diviertes tomándome el pelo.
Por la reacción de Yago, Vania confirmó sus sospechas: su hermano mayor definitivamente sentía algo por la oficial Quiroz.
Qué maravilla. Por fin la señora Leal dejaría de angustiarse por el estado civil de su hijo.
Justo cuando Vania iba a seguir interrogándolo, el celular de Yago comenzó a sonar. El ambiente se volvió silencioso de golpe.
Yago miró la pantalla. Era Hugo Yáñez. Teniendo a Vania justo a su lado, dudó seriamente si debía contestar o no.
Al ver que Yago no dejaba de mirarla, Vania supo que la llamada tenía que ver con ella.
—¿Quién te llama, Yago?
Él asintió, dándole la razón a su intuición.
—Es Hugo Yáñez.
Vania curvó los labios en una media sonrisa, valorando la consideración de su hermano.
—Si no quieres contestar, cuélgale.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...