Vania le entregó el pequeño Davisito a la niñera y le hizo una señal para que se lo llevara adentro.
Con total calma, se recostó en la banca del jardín y dio un lento sorbo a su té. Sin embargo, la mirada que le clavó a Cristina fue tan afilada que la hizo sentir minúscula.
En ese instante, Cristina comprendió que frente a Vania no era más que un patético payaso a punto de ser descubierto, despojada de toda dignidad.
—No tengo idea de lo que estás hablando —dijo Vania con una sonrisa gélida.
Siempre había detestado la actitud soberbia de Cristina, por lo que verla ahora al borde de un ataque de nervios, sin su habitual máscara de superioridad, le resultaba hasta divertido. Vania deslizó el dedo por la pantalla de su celular con total tranquilidad.
Si Cristina se atrevía a hacer un solo movimiento brusco, llamaría a la seguridad para que la sacaran a patadas de la propiedad.
—¡Deja de hacerte la idiota! —bramó Cristina, perdiendo los estribos—. ¡Restaura a esos robots ahora mismo! ¿Tienes idea de cuántos pedidos hemos cerrado? Si esto estalla, las pérdidas diarias del Corporativo Alba superarán los cientos de miles de millones. ¡¿Lo entiendes?!
El tono de Cristina rayaba en la histeria. Estaba al borde del colapso.
Las demandas y las notificaciones de los juzgados llovían sobre su escritorio como una tormenta.
Llevaba días esperando a que Hugo apareciera para salvarla con su influencia, pero la situación ya era catastrófica y él seguía desaparecido.
Vania la miró con genuina diversión.
—¿Y a mí qué me importa lo que le pase al Corporativo Alba? ¿Por qué habría de ayudarte? Además, Señora Cristina, ni siquiera me he dignado a ver el lanzamiento de sus robotcitos. ¿Bajo qué lógica vienes a reclamarme a mí?
Cristina ignoró las palabras de Vania. Sabía muy bien cómo había logrado el éxito. Sabía de dónde habían salido esos contratos multimillonarios y su repentino prestigio en la élite empresarial.
Sin los diseños de Vania, el Corporativo Alba jamás habría cotizado en la bolsa de valores.
Y ahora que la burbuja había estallado, las acciones se estaban desplomando con la misma brutal velocidad con la que habían subido.
Apenas diez minutos después de que se filtrara el escándalo en las noticias, las acciones de la compañía colapsaron y se suspendió su cotización.
Si Vania no arreglaba el software de inmediato, ella, como representante legal, enfrentaría la cárcel.
El cuento de hadas de ganar miles de millones al día había durado menos de un mes. Pero lo peor no era caer en la ruina; lo peor eran las transferencias ilícitas hacia sus cuentas personales, que sumaban cifras monstruosas.
Si las autoridades abrían una investigación oficial, no tendría a dónde huir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...