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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1046

Patricio estaba bañado en un sudor frío. Su voz temblaba de forma descontrolada.

—Roxana... devuélveme eso.

Roxana le pateó la mano extendida y lo miró desde arriba, con total frialdad.

—Dime la fórmula del antídoto de mi abuela y te daré la medicina.

Patricio tomó una bocanada de aire. El dolor en su corazón se sentía como si una garra enloquecida lo estuviera desgarrando desde adentro.

Esa agonía era mil veces peor que sus ataques cardíacos habituales.

Empezó a jadear frenéticamente.

—Ni lo... sueñes...

Roxana lanzó el frasco con desdén por la ventana.

—Entonces, quédate a morir aquí.

Patricio abrió los ojos de par en par, incrédulo al ver cómo su salvación desaparecía en la noche.

¿No se suponía que ella era blanda y compasiva?

Si era capaz de involucrarse para ayudar a una extraña como Dulce, ¿por qué estaba siendo tan despiadada con él?

—Tú...

Roxana lo ignoró por completo. Se apartó y se apoyó contra la pared de una esquina, esperando pacientemente.

La respiración de Patricio se volvió cada vez más errática. Estaba dispuesto a morir algún día, ¡pero no de esa manera humillante!

—¡Mhm! ¡Suéltame! ¡Desgraciado, ¿para qué me traes aquí?!

De repente, los insultos histéricos de Yara resonaron en el pasillo.

Al segundo siguiente, la puerta de la habitación fue derribada de una patada.

Jacob, cubierto de sangre, entró cargando a Yara, quien tenía las manos y los pies atados.

—¡Jefe!

Al ver que Patricio estaba retorciéndose de dolor en el suelo, soltó a Yara de golpe y corrió a auxiliarlo.

—¡Ah! —Yara cayó de costado. El impacto le sacó el aire y la dejó muda por varios segundos.

Justo cuando iba a empezar a maldecir, vio que aquel matón levantaba la vista con una intención asesina aterradora.

Instintivamente se encogió hacia atrás.

Pero el hombre fue más rápido. La agarró por el cuello y la levantó en vilo.

—Tú, sálvalo ahora mismo, o juro que esta mujer morirá aquí.

Al sentir que el asesino le aplastaba la tráquea, Yara siguió la dirección de su mirada.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que había una cuarta persona en la habitación.

—Ayuda...

Susurró con lo poco de voz que le quedaba, esperando que esa sombra la salvara.

—Haz lo que quieras. Al menos se irá acompañada de tu jefe. Negocio redondo.

Esa voz fría y familiar hizo que la sangre de Yara le hirviera en la cabeza.

Era Roxana.

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