Apenas lograron escapar al segundo piso, Patricio y sus subordinados vieron cómo el auto que tenían estacionado se hundía bruscamente.
Uno de los hombres notó el problema de inmediato.
—¡Jefe, esto es malo! Nos volaron las llantas del auto. Es seguro que hay más francotiradores emboscados. No podemos salir ahora.
Patricio desvió la mirada hacia una habitación específica en el segundo piso.
—Hacia allá.
Golpeó la puerta con un ritmo exacto: tres toques cortos y tres largos.
La puerta se abrió y el hombre que asomó cambió de expresión al verlos.
—Así que eran ustedes.
—Cállate y hazte a un lado —ordenó Patricio, empujándolo para entrar.
***
Tras ordenar el cierre del hospital, Roxana envió una alerta especial por su canal encriptado para bloquear todos los accesos al edificio de consultas externas.
Se quedó de pie junto a la ventana. Habían pasado tres minutos y Patricio no había aparecido en el exterior. Sabía que seguía dentro de las instalaciones.
Al dirigir la mirada al auto de su enemigo, notó que las cuatro llantas estaban destrozadas.
Alguien las había reventado a la fuerza.
Conectó los puntos de inmediato y observó hacia el edificio de enfrente.
Ya no había nadie allí.
¿Acaso Valeriano había venido hasta aquí?
El silencio finalmente regresó al pasillo.
Yara, temblando, logró apoyarse para sentarse. Al ver los inmensos charcos de sangre en el suelo, su rostro palideció aún más.
—¡Cuánta sangre...!
Se tapó la boca, aterrorizada.
¿Cómo había llegado todo a ese extremo?
Solo le había pedido a Patricio que la sacara de allí, ¿cómo terminó convirtiéndose en una escena del crimen?

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