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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1076

—Perfecto, tío Marcelo. En cuanto esté lista, dásela a mi abuela. Como está muy débil, si llega a sentir algún malestar después de tomarla, dale una de estas pastillas.

Roxana sacó un pequeño frasco de su bolso y lo dejó sobre la mesa de noche.

—Tengo una consulta con un paciente esta noche, así que no creo regresar temprano. Si pasa algo, llámenme de inmediato.

—De acuerdo —asintió Marcelo.

Al ver que Roxana se disponía a irse, Mónica se levantó rápidamente.

—Roxana, te acompaño a la salida. Justo quería pedirte un consejo.

—Claro —aceptó ella sin dudar.

Gema, que quería conversar un poco más con Roxana, decidió no interrumpirlas y se quedó en la habitación.

Ya en el pasillo, Mónica rompió el silencio.

—Me siento muy perdida.

—¿Perdida en qué sentido? —La voz de Roxana era serena y amable, sin rastro de burla ni superioridad.

—Yo... —Mónica apretó los puños, reuniendo valor para confesar lo que sentía—. Siento que tal vez la medicina no es para mí. Me falta seguridad y dudo de mí misma todo el tiempo. Pensé que con esfuerzo lograría triunfar, pero ahora me doy cuenta de que nunca he logrado nada importante.

—¿Por qué dices eso?

—Porque, por más que me esfuerce, siento que nunca podré igualarte. La familia ya te tiene a ti, una genio indiscutible. No creo que me necesiten a mí...

—Mónica —la interrumpió Roxana, con un tono aún más suave pero firme—. Tu éxito es tuyo y de nadie más. No tiene nada que ver con los demás. Dudas de ti misma porque siempre te estás midiendo con la regla de otras personas. Y eso es un error.

Mónica se quedó helada. Nunca lo había visto desde esa perspectiva.

—Pero... tu éxito es evidente para todos.

—Cada quien tiene su propio momento. Puede que ahora parezca que lo tengo todo resuelto, pero yo también pasé por momentos oscuros, atrapada en dudas, igual que tú. La diferencia es que yo me negué a cuestionar mi propio valor. Sabía que tenía que forjar mi propio camino, a mi manera.

«Forjar mi propio camino...»

Esa frase golpeó a Mónica como un rayo.

Un calor reconfortante, que jamás había experimentado, brotó en su pecho y recorrió todo su cuerpo hasta despejarle la mente.

En ese instante, tuvo una revelación.

Llevaba tanto tiempo queriendo ser como Roxana, que había olvidado quién era. ¡Ella era Mónica Montes!

Una chica que amaba la medicina y que quería salvar vidas a su manera.

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