Marina se llenó de alegría al ver que la relación entre su segundo hermano y Gema avanzaba por un rumbo tan prometedor.
—¡Qué maravilla! Parece que pronto tendremos otra gran celebración en la familia.
Hilda se sumó al entusiasmo.
—Totalmente cierto. Tenemos que empezar a planear todo con anticipación, no queremos que nos agarren las prisas a última hora.
El comentario hizo que Marcelo recordara de golpe un asunto muy importante. Giró hacia Rafael y Marina.
—Por cierto, ¿no habíamos dicho que Roxana sería incluida formalmente en el Linaje Familiar apenas volviera? Ha pasado bastante tiempo y no he escuchado nada al respecto.
—Marcelo, esa era nuestra intención inicial —explicó Rafael, mirando a su hija con evidente culpa—, pero desde que llegó no hemos tenido un solo día de paz. Roxana, mi niña, discúlpame por haber dejado que esto se retrasara tanto. Sin embargo, ya hablé con el consejo de ancianos. En cuanto regresemos a casa, arreglaremos todo.
Marina, preocupada de que su hija se sintiera desplazada, se apresuró a añadir:
—Roxana, apenas lleguemos a Veridia organizaremos la ceremonia oficial del Linaje Familiar. Es una tradición muy importante de los Soler. Una vez que estés en el registro, los líderes del consejo te reconocerán formalmente y nadie se atreverá a cuestionar tu lugar en esta familia.
A Roxana, sinceramente, no le importaba en absoluto aparecer o no en el libro genealógico. Pero viendo la angustia y el empeño de sus padres y su tío, asintió con tranquilidad.
—Está bien. Lo que ustedes decidan.
Al ver que su hija no guardaba rencor, Rafael y Marina soltaron un suspiro de alivio.
Cuando el grupo salió de la habitación, Mónica jaló disimuladamente la manga de Roxana, indicándole con la mirada que se apartaran un momento.
Roxana la siguió hacia el pasillo.
—Cuando salí del baño hace rato, noté que la enfermera que estaba saliendo del cuarto parecía estar escuchando a escondidas —susurró Mónica—. Además, la vi mandando mensajes muy rápido mientras se alejaba. Podría estar filtrando información. Sé que es solo una corazonada mía y que quizá no me creas...
—Te creo —respondió Roxana de inmediato.
—¡¿De verdad?! —Mónica la miró atónita. No esperaba que le diera la razón tan fácilmente.

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