—¡Esas pastillas están adulteradas y pensabas tomarte todo el frasco! ¡¿Acaso te volviste loca?!
Una joven, cubierta con una bufanda blanca que le tapaba casi todo el rostro, agarró a la chica caída y le gritó furiosa.
—¿Dalila?
Al ver a la persona frente a ella, la falsa fortaleza de la chica se desmoronó y rompió a llorar.
—¿Qué haces aquí? ¿Quién te dijo que vinieras? ¿No te dije que me esperaras en el hospital?
—¡Esperar a qué! ¡¿A que cambiaras tu vida por dinero?!
La conversación entre las dos estaba tan cargada de información que los presentes se quedaron mudos.
—Presidenta Roxana, esto no pinta bien —murmuró Sol, dando medio paso al frente por instinto al ver a la recién llegada.
Roxana notó su reacción, pero mantuvo la vista fija en la joven de blanco.
—Esperemos a ver qué pasa.
El equipo de seguridad también estaba tenso. Formaron una barrera para mantener a raya a los periodistas y curiosos, impidiendo que se acercaran a Roxana.
Las otras dos víctimas no corrieron con la misma suerte; la multitud, hambrienta de chismes, las empujó de un lado a otro.
Fue Roxana quien notó el peligro en el que estaban y ordenó a dos guardias que fueran a sacarlas del tumulto.
—Gracias —dijeron ambas chicas, sonrojadas, sorprendidas de que Roxana las hubiera ayudado.
—No es nada —respondió Roxana con tranquilidad, volviendo su atención a las dos hermanas.
Desde la aparición de la joven de blanco, la verdad había tomado un rumbo completamente distinto al que todos esperaban.
La multitud estaba eufórica.
Este drama tenía más giros que la telenovela del horario estelar.

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