—¿Qué está pasando? ¿De quién son esos autos? ¡Por poco y chocan frente a frente!
—No reconozco esa placa de ahí, pero el otro es un modelo de Bentley que salió el año antepasado. Solo hay cien en todo el mundo. Mi suegro estuvo meses hablando de él, pero no logró entrar a la lista de espera. Ahora, aunque tengas el dinero, es imposible conseguirlo.
—Bah, eso no es nada. ¿Acaso no vieron que el auto de Valeriano también es una rareza mundial? Fue diseñado exclusivamente para él por el fabricante. Es único en todo el planeta. Eso ya no se trata de tener dinero; es un verdadero símbolo de estatus y poder absoluto.
—¿En serio el auto de Valeriano es tan exclusivo? Con razón me parecía raro no haber visto nunca ese modelo. ¡Así que es hecho a medida!
—Por supuesto. Si Valeriano no hubiera desaparecido misteriosamente todos esos años, sería indiscutible quién dominaría la industria de Veridia hoy en día.
Mientras la multitud murmuraba, las puertas de los vehículos se abrieron.
El primero en bajar vestía un traje tradicional, sobrio y refinado. Era de complexión delgada y tenía un rostro amable y compasivo.
Tras bajar del auto, caminó directamente hacia el otro vehículo con una sonrisa afable.
—Señor Solís, hace un momento me preguntaba quién tendría tanta afinidad conmigo como para llegar exactamente al mismo tiempo. No me imaginé que fuera usted. Qué sorpresa que, a pesar de sus problemas de salud, su espíritu competitivo siga intacto. Ya que estamos aquí, ¿por qué no entramos juntos?
Patricio Solís estaba sentado en el asiento trasero. La tenue luz de los faros se filtraba por el parabrisas, iluminando suavemente su rostro extraordinariamente atractivo, y cada sombra acentuaba su carisma innegable.
Sus ojos azules como el zafiro se clavaron en Clemente. Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en la comisura de sus labios.
—Caminar a mi lado... ¿cree que está a mi altura?
La expresión bondadosa de Clemente se oscureció de inmediato, pero su sonrisa se volvió más marcada.
—Señor Solís, ¿está seguro de que quiere iniciar un conflicto conmigo frente a su hermosa acompañante?
Mencionó a la «acompañante», pero en realidad era una advertencia para que no se pasara de listo.
Patricio no alteró su expresión. Su mirada barrió a la ruidosa multitud de afuera y se posó en los espacios de estacionamiento cercanos.
Allí estaban el auto de Valeriano y los de la familia Soler.
Eso significaba que Roxana ya había llegado.
—Puesto que el director Clemente insiste con tanta sinceridad, supongo que le daré el gusto.
Tan pronto terminó de hablar, el chofer bajó apresuradamente para abrirle la puerta.
Yara Soler había estado sufriendo un fracaso tras otro últimamente. Para asegurarse de ser la mujer más deslumbrante y elegante de la noche, se había preparado durante todo el día.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA