¡Qué falta de caballerosidad!
Patricio, viendo a los miembros de la familia Carrillo que ya se acercaban hacia ellos, perdió todo interés en seguir discutiendo con Clemente. Con un tono apático, soltó:
—Si tanto le gusta al director Clemente, llévesela.
—¡Patricio Solís! ¿De qué estás hablando? —Yara no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar.
Patricio la miró con absoluta indiferencia. Sus ojos de zafiro estaban tan helados como un lago en pleno invierno.
—Estar al lado del director Clemente es una verdadera bendición para ti. ¿No es tu mayor deseo aplastar a Roxana? Con el director respaldándote, Roxana no tendrá motivos para sonreír esta noche.
El rechazo en el rostro de Yara se esfumó al instante. Incluso dio un paso hacia él y murmuró en voz baja:
—¿No me estás mintiendo? ¿Quién es exactamente este director Clemente?
Patricio esbozó una sonrisa desprovista de calidez y respondió con otra pregunta:
—El director Clemente es alguien de quien hasta tu tío huye despavorido. ¿Tú qué crees?
Los ojos de Yara brillaron con un destello de alegría. ¡No tenía idea de que ese anciano de aspecto tan amable fuera una figura de tal calibre!
¡Esta era su oportunidad de oro para recuperar su estatus!
—¡Miren! ¿Ese es el director Clemente?
—¡Claro que sí! ¡Quién más podría ser!
—Don Jacinto, ¡qué bien guardado se lo tenía! No solo logró traer al señor Montes, ¡sino que también convenció al director Clemente! ¡El nivel de sus contactos es impresionante!
En toda Veridia, no había nadie que no supiera que Clemente, el director del Hospital Edson, era un invitado de honor capaz de ser recibido por la misma realeza.
Establecer lazos con él equivalía a tener una línea directa con las más altas esferas del poder.
¡Ese sí que era un contacto de élite!
—Director Clemente, sabemos que siempre está ocupadísimo. ¿A qué debemos el honor de su presencia en la cena de los Carrillo?

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