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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1179

Valeriano observaba a Roxana mientras ella charlaba con Zachary. Sus ojos, oscuros como una noche sin estrellas, no ocultaban su desagrado.

—Valeriano, en un rato Roxana se irá con nosotros. Tú vete por tu lado.

Mateo aprovechó que Valeriano había terminado con sus asuntos para acercarse y dejarle las cosas claras.

—Mateo —lo detuvo Valeriano, con una calma forzada en la voz—. ¿No te parece que ese tal Zachary es... bastante insufrible?

El rostro del hermano mayor se endureció de inmediato.

—¿Y desde cuándo te importa si Zachary me cae bien o no?

Valeriano, que rara vez se quedaba sin palabras, se atragantó un poco. Al ver la mirada inquisitiva y severa de su cuñado, suspiró.

—No me refiero a eso. Lo que digo es que el tipo no conoce los límites, no me da buena espina.

—El único que no conoce los límites aquí eres tú —espetó Mateo, tajante—. Escucha bien: aunque no nos oponemos a tu relación con mi hermana, ella es una mujer independiente, no es de tu propiedad. Tiene todo el derecho del mundo a socializar y hacer amigos con quien le plazca. Y en ese tema, ni tú ni nosotros tenemos voz ni voto.

Valeriano se quedó mudo.

¿En qué momento dijo que quería controlarla? ¡Él solo quería protegerla de las intenciones ocultas de ese príncipe de pacotilla! Como hombre, sabía perfectamente lo que significaba la mirada que Zachary le dedicaba a su prometida.

Al ver que Valeriano no respondía, Mateo le lanzó una última advertencia.

—Valeriano, que sea la última vez que te escucho decir algo así. Si vuelves a insinuar que quieres cortarle las alas, le contaré exactamente esto a mi hermana.

Valeriano se frotó la frente, resignado. Ahora resultaba que también lo amenazaban.

—No quiero interferir en su vida, jamás lo haría. Es solo que...

Es solo que es tan brillante y deslumbrante que todos querrán robármela.

Se tragó el resto de la frase. Sabía que, si lo decía en voz alta, Mateo pensaría que quería apagar el brillo de Roxana para mantenerla a su lado.

Mateo notó su frustración, pero no cedió ni un milímetro.

—Más te vale que no interfieras. Lo único que nos importa a nosotros, y tu única obligación, es amarla y cuidarla. Todo lo demás sale sobrando.

—No te preocupes por eso.

Valeriano asintió con firmeza. Proteger a Roxana ya no era un deber; estaba grabado en su ADN.

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