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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 124

Al notar su disgusto, Marco bajó su camiseta de inmediato.

—Yo... solo quería que viera mis heridas para probar que no estoy mintiendo.

Don Abelardo, al que no le agradaba en absoluto su actitud patética, fue directo al grano:

—Tus heridas solo prueban que te faltan habilidades para defenderte, no prueban tu inocencia.

Marco se quedó sin palabras.

¿Acaso el Rector lo estaba menospreciando?

Al escuchar a Don Abelardo decir algo tan fuera de lugar, como si perteneciera a otro mundo, varios quisieron reírse, pero nadie se atrevió a soltar una carcajada, limitándose a morderse los labios.

El profesor Javier Yates, que venía detrás del Rector, al ver los moretones en el rostro de Silvano, miró a Marco con enojo.

—Los golpes en la cara de Silvano se los hiciste tú, ¿verdad?

Marco, sintiéndose cuestionado, respondió con total descaro:

—Fue porque él se negó a confesar y encima me insultó, ¡no me quedó otra opción que golpearlo!

—Deja de mentir —replicó el profesor, evidentemente escéptico—. No iba a mencionar esto, pero Rector, esta no es la primera vez que él golpea a Silvano. Siempre que ocurre algo así, Marco se las arregla para echarle la culpa. Tengo motivos de sobra para creer que esto no es más que otro teatrito de Marco.

Al ver que la mirada de Don Abelardo se volvía más severa, Marco se apresuró a negarlo.

—Rector, eso no es cierto. Fue Silvano quien me provocó primero. Usted no lo sabe, pero él es un hijo ilegítimo. Él y su madre destruyeron el matrimonio de mis padres. ¡Alguien así nace podrido por dentro! ¡Si no me hubiera provocado hasta el límite de mi paciencia, jamás le habría puesto un dedo encima!

Intentó usar su historia personal para dar lástima, pero el director de la facultad no estaba dispuesto a que el Rector perdiera su valioso tiempo en chismes.

—Sus problemas familiares los resuelven en su casa, no vengan a hacer escándalos en la escuela. ¿Puedes presentar alguna otra evidencia, además de las partituras, para demostrar que dices la verdad?

—Yo... —Marco quiso decir que tenía un disco duro, pero temía que el Rector o el director le exigieran entregarlo en ese mismo instante para que Braulio lo revisara.

Al notar sus dudas, Roxana decidió exponerlo sin piedad.

—¿Y dónde está ese famoso disco duro? ¿No decías que esa era tu gran prueba?

—En realidad, no necesitamos el disco duro. Seguro has revisado las partituras en tu teléfono. Podemos usar tu celular para verificar los metadatos.

Braulio, que originalmente no quería meterse en más problemas, se dio cuenta de que Silvano lo había mencionado frente a Don Abelardo. ¡Esa era la oportunidad perfecta para ganar puntos con el Rector! Jamás la dejaría pasar.

—Exacto, con el celular basta. Marco, no te preocupes, mis habilidades informáticas son excelentes. Te ayudaré a recuperar los archivos originales para que la verdad salga a la luz.

El pánico se apoderó de Marco. ¡Eso era exactamente lo que más temía!

—No... no es necesario. Mi celular es propiedad privada...

Su actitud evasiva y temerosa dejó en evidencia que algo ocultaba.

Don Abelardo, perdiendo la paciencia, le dio una orden directa al director de la facultad.

—Ya que se niega a presentar pruebas, exijo que se revisen todas las cámaras de seguridad de la escuela. Si de verdad fue víctima de plagio, como afirma, seguramente habrá alguna pista en los videos. Si no encontramos nada, llamaremos a la policía para que ellos hagan la investigación.

¡Esto afectaba la reputación de la universidad y el futuro de los estudiantes! ¡No se podía permitir ni una sola duda, el asunto debía quedar completamente aclarado!

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