—¡Silencio!
Una voz fría y llena de autoridad resonó de pronto en todo el auditorio.
Esa simple palabra, cargada de una intimidación aplastante, logró acallar de golpe el caos del lugar.
Tanto los estudiantes de la Universidad del Sur como los agitadores pagados por Yara dirigieron su mirada a la mesa del jurado, fijándola en Roxana.
Bajo el peso de miles de ojos, el rostro de Roxana no mostraba ni el más mínimo rastro de incomodidad.
Se puso de pie lentamente y recorrió a la multitud con una mirada arrogante.
—Al final del día, ustedes creen que no tengo la autoridad para estar sentada aquí ni para darle una calificación baja a Yara. Muy bien, entonces dejaré que este grupo de ignorantes descubra que siempre hay un cielo más alto.
Los demás jueces, que inicialmente querían intervenir para calmar los ánimos, abandonaron la idea en cuanto escucharon que Roxana tocaría. Se recostaron en sus sillas, expectantes.
Don Abelardo y don Fausto acababan de desocuparse y venían a ver cómo le iba a la pequeña Roxana. Apenas llegaron a la entrada, sus respectivos colegas les enviaron mensajes diciendo que Roxana iba a dar una demostración en vivo. Ambos rectores corrieron hacia las puertas del auditorio.
Mónica recordó cómo su padre se había encerrado en su estudio hace unos días para escuchar las grabaciones de Roxana, emocionándose más con cada minuto y elogiando su prodigioso talento.
Ella también tenía curiosidad por saber qué tan excepcional era. Después de todo, Roxana había logrado conmover a su padre, alguien a quien Yara jamás pudo impresionar.
Patricio observó a la chica caminar hacia el centro del escenario. Incluso bajo la gélida y pálida luz de los reflectores, sus facciones lucían perfectas, sin un solo ángulo desfavorecedor.
Era fría y majestuosa, como una flor en la cima de una montaña nevada.
¡Pling!
Los pálidos dedos de Roxana acariciaron las cuerdas de la Cítara Fénix. Con un leve toque, las notas brotaron con una fluidez pasmosa, como si una mano invisible hubiera agarrado el corazón de cada persona presente.
Los ojos de Mónica se abrieron de par en par, asombrada de que un simple acorde pudiera hacer resonar sus emociones tan profundamente.
Pronto, las notas empezaron a fluir de los dedos ágiles de Roxana, tan puras y emotivas como un manantial cristalino murmurando entre las rocas.
La pieza del romance trágico era, por naturaleza, pasional y melancólica. Bajo el tono antiguo y profundo de la Cítara Fénix, la música se transformó en un lienzo vivo que dibujó la desgarradora historia de los dos amantes en la mente de todos.

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