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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 127

La mayoría de los presentes creyó haber escuchado mal; todavía con cara de asombro, se miraban entre sí buscando confirmación.

—¿Escuché bien? ¿Esta ignorante acaba de decir que va a obtener el primer lugar de la Universidad del Sur?

—Sí, escuchaste bien, eso fue exactamente lo que dijo.

—¡Dios santo! ¡Ni los dioses le darían ese valor para decir tremenda locura!

Incluso Caleb frunció el ceño.

¡Esa tal Roxana no tenía idea de dónde estaba parada!

Su tío abuelo había venido personalmente a defenderla. ¿No le bastaba con salir librada del problema? ¡No, tenía que abrir la boca y hacer el ridículo a un nivel astronómico! ¿Es que no sentía vergüenza?

Brenda la miró entre la burla y la confusión.

Era cierto que la melodía que Roxana había compuesto hace un rato era brillante, pero eso no significaba que sus conocimientos en materias teóricas estuvieran a la altura.

Todos sabían que si no fuera porque su nivel académico daba lástima, su anterior escuela no habría dejado que abandonara sus estudios.

Por eso, Brenda no podía entender semejante osadía.

—Roxana, ¿estás segura de que quieres apostar eso? ¿No te da miedo tener que irte de la universidad con la cola entre las patas cuando pierdas?

El mismo Don Abelardo estaba estupefacto.

Su pequeña protegida jamás había mostrado interés en títulos banales, ¿por qué de repente quería demostrar algo?

Roxana levantó la mirada perezosamente y respondió con tono aburrido:

—¿No es eso lo que quieren? ¿Por qué nadie acepta? ¿Acaso tienen miedo de apostar conmigo?

Los estudiantes no habían respondido al principio por temor a parecer unos abusivos, pero al ver que ella, una pésima alumna, estaba suplicando ser humillada, los que antes habían exigido su salida comenzaron a levantar la mano.

—¡Yo! ¡Acepto tu apuesta! ¡Si de verdad sacas el primer lugar, yo mismo renuncio a la Clase Élite 1!

—¡Yo también! Roxana, tú misma lo pediste, ¡así que cuando pierdas no andes llorando diciendo que te hicimos bullying! Escribamos un acuerdo, nadie se puede echar para atrás.

Roxana curvó los labios con desdén.

—Trato hecho. Lo mismo va para ustedes.

Pero, sabiendo la estima que el Rector le tenía, no quiso ser muy duro con sus palabras. Solo esperaba que Roxana tomara la salida que le ofrecía y no estirara más la liga, para no dejar en ridículo a Don Abelardo.

Roxana lo miró y, con voz pausada, respondió:

—No hay problema, sé lo que hago.

El director se quedó mudo.

¡Bueno, supongo que mis buenas intenciones se fueron directo a la basura!

Al ver que hasta el director intentaba disuadirla, Yara supo que debía mantener su papel de hermana preocupada y le aconsejó fingiendo dulzura:

—Roxana, el director tiene razón. Caleb siempre ha sido el primer lugar indiscutible de nuestra generación. Es admirable que quieras demostrar lo que vales, pero con tu falta de bases sólidas, ¿no es demasiado arriesgado apuntar tan alto? Mejor seamos realistas, ¿por qué no intentas quedar entre los primeros mil quinientos de la generación? ¿Qué te parece?

A simple vista, sonaba como un consejo amable, pero sugerir que quedara «entre los primeros mil quinientos» era, en realidad, un insulto enorme, tomando en cuenta que toda la generación apenas llegaba a los dos mil alumnos.

Si Roxana tuviera una autoestima frágil, ese comentario bastaría para hacerla perder la cabeza y soltar alguna bravata irracional.

Yara había usado esa misma táctica con muchas personas que no soportaba, y ya tenía lista una excusa por si Roxana explotaba. Al fin y al cabo, con los pésimos antecedentes de Roxana, era casi un milagro que no quedara en el último lugar. Yara no se estaba burlando, ¡lo decía con toda la sinceridad y por su propio bien!

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