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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 175

Al ver que, a pesar de todo, Yara todavía quería ayudar a Roxana, los demás estudiantes se impacientaron por ella.

—¡Reina Yara, alguien como ella no merece que te preocupes tanto!

—¡Exacto! ¿Acaso parece que lo valora? Si de verdad le importara esta oportunidad, ¡no estaría causando tantos problemas!

Hasta Brenda no pudo aguantarse y reprochó a Yara.

—Yara, ser buena persona tiene un límite. Roxana no merece tu compasión.

Ante los comentarios, Yara bajó un poco la cabeza y explicó con voz suave:

—Roxana no es una mala persona. Simplemente tiene tantas ganas de que la acepten que termina cometiendo errores. Estoy segura de que si le damos otra oportunidad, cambiará.

Mientras más generosa y amable se mostraba, mayor era el desprecio de los demás hacia Roxana.

Sumado a que Yara era reconocida como la indiscutible belleza de la universidad, muchos de los curiosos se dejaron llevar por el ambiente y empezaron a mirar a Roxana con abierta hostilidad.

—¡Qué tanto miran! —Ximena, molesta por la actitud de todos, no dudó en defenderla—. Roxana no ha dicho ni una sola palabra, ¿por qué le echan la culpa de todo?

Camila Yáñez se mordió el labio y también intervino:

—¡Sí! Roxana se ha mantenido callada todo este tiempo, son ustedes los que están haciendo chismes. Además, el rector ni siquiera ha tomado una decisión. ¡No tienen derecho a juzgarla así sin pruebas!

Roxana observó a las dos chicas que se habían puesto frente a ella para protegerla. Una extraña y cálida sensación le llenó el pecho.

Antes pensaba que la Universidad del Sur era un lugar aburrido, pero se dio cuenta de que se había precipitado.

—¿Ya terminaron de hacer alboroto?

La imponente voz de Don Abelardo resonó a través de los parlantes, retumbando en los oídos de todos.

Al instante, tanto la sala de examen como el vestíbulo quedaron en completo silencio.

Lidia esbozó una sonrisa imperceptible. ¡Estaba convencida de que, a estas alturas, Don Abelardo no iba a seguir protegiendo ni a Javier ni a ese tal Silvano!

—Modifiqué toda esta sección —dijo Silvano, acercándose a uno de los jueces y señalando la parte más emotiva de la partitura—.

»Descargué esta pieza del Foro Internacional de Música. Al principio, intenté contactar al autor para comprar los derechos, pero nunca me respondió. Pensando en que podría haber problemas de derechos de autor, decidí adaptarla antes de presentarla.

»Además, para diferenciar mi versión de la original, creé dos partituras.

»La versión que acabo de tocar tiene esta sección reestructurada, ajustando melodías y detalles para hacerla más emotiva.

»La otra versión es la que tiene Marco. Solo le hice cambios al principio y al final; la parte del medio es exactamente igual a la original.

El director y los jueces abrieron los ojos de par en par. ¡Silvano había tenido el atrevimiento de tomar y adaptar la pieza de alguien más!

Aunque hacer arreglos no era lo mismo que componer desde cero, demostraba un gran dominio técnico, por lo que podrían tolerarlo.

Pero no tenían forma de comprobar de inmediato si la versión de Marco era un robo exacto del original, como Silvano afirmaba.

Marco, que por un momento sintió pánico, al escuchar las palabras de Silvano estalló en una carcajada.

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