Pero Don Abelardo no le dio tregua y la reprendió con dureza.
—Aunque existan competencias entre las facultades, la Universidad del Sur es un solo cuerpo. Si alguien intenta sembrar discordia deliberadamente y quebrar la unidad de nuestros estudiantes, ¡en representación de esta institución ordenaré su expulsión y me aseguraré de que asuma todas las consecuencias!
Lidia Ariza era la esposa de uno de los miembros de la junta directiva. No esperaba que el rector la humillara de esa forma frente a todos. La vergüenza y la ira la consumieron.
Incapaz de tragarse el orgullo, decidió desafiarlo en el acto.
—Rector, ¿y qué piensa hacer con el caso de Roxana Soler? Primero le faltó el respeto a sus superiores, luego apostó para causar problemas, y ahora se le suma haber ofendido al Maestro Ezequiel. Con todo esto, ¿aún planea encubrirla y permitir que siga en la universidad?
La agresividad de Lidia, dispuesta a todo con tal de echarla, le pareció cómica a Roxana.
Pero al ver que los ojos del viejo rector estaban inyectados en sangre por el coraje, Roxana decidió hablar para evitar que le diera un infarto.
—¿Quién dijo que ofendí al Maestro Ezequiel? Todavía no termino de hablar.
—¿Qué más vas a inventar? —atacó Lidia, perdiendo los estribos—. Acabas de admitir que modificaste su partitura sin permiso. ¿Acaso eso no es ofenderlo?
Roxana respondió con un tono indiferente.
—Es cierto que la pieza le pertenece al Maestro Ezequiel, pero yo solo modifiqué la parte que yo misma compuse. No veo el problema en no consultarle.
—¡¿Qué acabas de decir?! ¿La parte que tú compusiste? —Lidia la miró atónita—. ¡No me digas que ahora resulta que escribiste esa pieza junto con él!
Roxana ladeó ligeramente la cabeza, con una media sonrisa.
—Así es.
—¡Debes tener delirios de grandeza!
Aunque Lidia no sabía mucho de música, entendía el peso del nombre Ezequiel en el país. Su desprecio por Roxana alcanzó su punto máximo.
—Rector, ¡la megalomanía no es cualquier cosa, es un problema psiquiátrico grave! ¡Nuestra universidad nunca ha admitido a personas con problemas mentales! ¡Si los demás padres se enteran, será un escándalo!
Ese viejo tramposo de Ezequiel se había rendido a la mitad de la composición y se había dedicado a hostigar a la muchacha para que le completara el resto.
Cada vez que Don Abelardo recordaba que ella no quiso prepararle medicinas a él, pero sí le hizo una partitura a ese zorro viejo, le hervía la sangre de celos e indignación.
Sus palabras, soltadas en ese preciso momento, dejaron a todos desconcertados.
El director lo miró con cautela.
—Don Abelardo, ¿se refiere a que...?
—¡Pues a qué más se va a referir! —lo interrumpió Lidia rápidamente—. ¡Se refiere a que Roxana está mintiendo y que su actitud es despreciable! ¡Hasta un ciego vería que una fracasada que no pudo ni graduarse de un instituto técnico jamás se codearía con alguien de la talla del Maestro Ezequiel! Director, ya quedó claro que modificó la obra sin permiso. Evidentemente no obtendrá el primer lugar, así que, siguiendo las reglas de la apuesta, ¡que se largue de la Universidad del Sur!
Lidia llevaba tanto tiempo aguantándose las ganas de explotar que sintió que por fin había encontrado la oportunidad perfecta.
Si no lograba echar a Roxana ese mismo día, ¡dejaría de llamarse Lidia Ariza!

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