En el primer piso.
Al ver que Yara había descubierto al instante las alteraciones hechas por Roxana, sus incondicionales admiradores comenzaron a atacar.
—¡Por algo la Reina Yara es el genio musical más grande de nuestra universidad! ¡Ni siquiera los profesores se dieron cuenta, pero ella lo notó al instante!
—¡Exacto! Si la diosa no hubiera intervenido para señalar que modificó la partitura, ¡seguro que Roxana se lo habría callado!
—He escuchado que el Maestro Ezequiel detesta que alteren sus obras sin permiso. Si esto llega a sus oídos, ¡la reputación de todos los estudiantes de la Universidad del Sur se irá a pique!
—Y pensar que hace un momento había empezado a cambiar mi opinión sobre ella... Ahora veo que la bajeza de algunas personas la llevan en la sangre. ¡No merecen nuestro respeto!
Marco Sarmiento, que se había quedado pálido tras escuchar la interpretación de Roxana, pareció resucitar al oír las palabras de Yara. Como si hubiera encontrado a su bando, se unió rápidamente a la turba que denigraba a la joven.
Ximena Torres quiso callarlos, pero Camila Yáñez la detuvo por el brazo.
—Tranquila. En momentos así es cuando menos debemos perder la cabeza.
¡Ella estaba segura de que Roxana no cometería un error tan estúpido!
En el segundo piso.
Al ver cómo Roxana aplastaba intelectualmente a Lidia Ariza, Don Abelardo se relajó y comenzó a bromear en su chat grupal con el Maestro Ezequiel.
[Esa muchacha sí que sabe compadecerse de este viejo. Sabía que yo quería escucharla tocar y no tenía la oportunidad, así que aprovechó este examen para cumplir mi pequeño deseo.]
Para su sorpresa, el Maestro Ezequiel respondió de inmediato:
[¡Pamplinas! Si la muchacha tocó mi pieza frente a ti, significa que para ella yo soy el mejor. Si no, ¿por qué no tocó la composición de alguien más?]
Don Abelardo se puso rojo de la rabia al leer eso. Justo cuando iba a contestarle de forma agresiva, escuchó que alguien en la sala mencionaba a ese viejo tramposo.
—¿Y tú qué eres del viejo...? —Estuvo a punto de decir «viejo tramposo», pero se corrigió a tiempo—. ¿Tú qué eres del Maestro Ezequiel?
Yara adoptó una expresión de «lo sabía».
—Eso complica las cosas. El Maestro Ezequiel es una figura nacional. Si se entera de que cambiaste su obra sin avisarle, ¿crees que tomará represalias contra los estudiantes de la Universidad del Sur?
Evitó a propósito decir que tomaría represalias contra Roxana, pues sabía que Don Abelardo la protegía. Sin embargo, al involucrar los intereses de toda la universidad, la situación cambiaba. Por más que el rector quisiera defenderla, los demás estudiantes no lo permitirían.
Lidia Ariza aprovechó el momento para echar más leña al fuego.
—¡Roxana! ¿Cómo no avisaste de algo tan importante? Incluso si eres una don nadie sin medios para contactarlo, debiste informarle a la universidad para que nosotros lo resolviéramos. Actuaste sin importarte nada, pensando solo en ti misma. ¡No te importó en lo absoluto el prestigio de nuestra institución ni el futuro de tus compañeros! ¡Eres una mala persona desde la cuna!
En cuanto terminó de hablar, el rostro de Don Abelardo se congeló.
—Profesora Lidia, como docente de la Universidad del Sur, en lugar de guiar a sus estudiantes, se la pasa oprimiéndolos y difamándolos una y otra vez. ¿Cree que es digna de que estos jóvenes la llamen «profesora»?
—Rector, yo... —intentó justificarse Lidia.

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