La arrogancia de Valeriano sacó de sus casillas a Julián.
—¡Oye, no seas malagradecido! Si no fuera por el respeto que le tengo a mi je...
Se interrumpió de golpe, dándose cuenta de su error.
—¡A mi hermana Roxana, jamás me molestaría en venir a avisarte en un momento como este!
Valeriano ni se inmutó. Sus gélidos ojos seguían fijos en Roxana.
¿De dónde conocía a un tipo tan peligroso y violento como Julián?
Leandro, que ya estaba bastante alterado, empezó a entrar en pánico.
—Señorita Roxana, ¿qué sucede? ¿Por qué dice que el señor Sandoval debe irse?
Roxana no respondió. En su lugar, sacó una Cinta Reactiva M6, caminó hacia la ventana y se quedó completamente quieta.
Leandro reconoció aquel objeto de inmediato; eran las pruebas que se habían agotado en todas las farmacias.
Antes de que pudiera procesar la situación, la tira comenzó a cambiar de color.
Aunque no era el rojo escarlata que confirmaba una infección, el ligero tono rosado fue suficiente para helarle la sangre.
¡El aire estaba contaminado con el virus M6!
—¿Cómo es posible? —preguntó Leandro, horrorizado.
Julián, viéndolo tan asustado, sonrió con ironía.
—Ver para creer, ¿no? Ahora ya sabes que no estamos bromeando. Este lugar es una trampa mortal. Si quieren seguir respirando, es mejor que se larguen.
A pesar del color de la cinta, los ojos negros de Valeriano no demostraron el más mínimo temor. Simplemente siguieron escudriñando a Roxana.
—Las píldoras antídoto... fuiste tú quien las envió.
Julián se tensó, a punto de decir algo, pero Roxana lo detuvo con una mirada.
Ella alzó una ceja, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Su nivel de deducción es impresionante, señor Sandoval.
Leandro se quedó boquiabierto.
¿La señorita Roxana las había enviado?
Pero el hombre que les trajo las pastillas venía del palco del Gremio Lobo Sangriento.
El rostro de Roxana cambió levemente.
¿Acaso sabía quién era ella en realidad?
Julián ya estaba harto de Valeriano. Su jefa intentaba salvarle la vida y él se portaba como un cretino.
¡No iba a permitir que nadie despreciara la amabilidad de Roxana!
—¡Señor Sandoval, le pido que mida sus palabras! Mi amiga Roxana es una estudiante universitaria cualquiera que vino hasta aquí solo a visitarme, así que deje de hablarle como si la conociera de toda la vida.
Yo que ustedes me iba rápido. Cuando empiecen los balazos, no pienso mover un dedo para salvarles el pellejo.
Valeriano ni siquiera lo miró de frente.
—No se preocupe por mí, joven Julián. Sé lo que hago.
Ese «joven Julián» hizo que Julián empalideciera de rabia.
¡Sabía que Julián pertenecía a una de las familias más influyentes de Veridia!
Por supuesto. La familia Sandoval también venía de Veridia; Valeriano y su padre se habían mudado a Puerto Esperanza por problemas internos. Era obvio que lo reconocería.

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