Elena no se tomó bien ese comentario.
—Cristián, ¿diciendo eso insinúas que no crees en la inocencia de Alcira?
Cristián se apresuró a negarlo.
—No, señora Elena. Solo me preocupa que haya un malentendido imprevisto...
—¿Querían más pruebas?
En ese instante, el Maestro Ezequiel rompió el silencio, paseando su mirada afilada sobre todos los que habían dudado de él.
Quienes lo cuestionaron sintieron un repentino nudo de culpa en el estómago bajo esa mirada fulminante.
Al segundo siguiente, la actitud fiera de Ezequiel se suavizó inesperadamente.
—Muchacha, este asunto afecta tu honor y tu prestigio. Por favor, perdóname por romper la promesa que te hice, pero necesito sacar la verdad a la luz.
Sus palabras hicieron que todo el auditorio se mirara con confusión.
—¿A quién le dijo "muchacha" el Maestro Ezequiel?
—Sí, y mencionó algo sobre su honor...
De pronto, alguien se interrumpió y miró a su alrededor con los ojos brillantes de emoción.
—¡Se refiere a "Estrella"! ¡"Estrella" está aquí en el auditorio!
—¡¿Qué?! ¡¿"Estrella" está aquí?!
La noticia hizo que la sala entera entrara en efervescencia.
Todos estiraban el cuello, buscando desesperadamente en cada rincón.
—¿Dónde está? No veo a nadie levantarse.
En el escenario, el rostro de Alcira se volvió blanco como el papel.
«¿Cómo puede ser tanta casualidad?»
Ella solo había robado unas hojas del cajón de Roxana. ¿Cómo diablos terminó involucrada la genio internacional "Estrella"? ¡Y para colmo, estaba ahí presente!
Ricardo y Elena también estaban estupefactos. Esa persona era una figura venerada a nivel mundial; si abría la boca y reclamaba la autoría, ¡Alcira estaría acabada!

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