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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 522

—Y como si fuera poco, hace apenas unos días, contrataron gente para secuestrar a Roxana. Querían presionarnos a Rafael y a mí para exigirle a Valeriano que nos devolviera el Hongo de Vida Eterna. Por eso Nicanor terminó detenido y aún no ha salido.

—Así que, con toda sinceridad, no quiero que Roxana mueva un solo dedo por ella.

Marcelo ya había notado que la relación entre la tía y la sobrina era mala, pero jamás imaginó que Luisa y su hija llegarían a cometer actos tan retorcidos.

¡Un secuestro!

Roxana era apenas una jovencita y, por si fuera poco, su propia sobrina. ¡Cómo pudo atreverse a algo tan vil!

—Viendo las cosas así, Luisa misma se buscó su ruina.

—¿Y quién dice lo contrario? —murmuró Marina.

Rafael dejó escapar un largo suspiro y añadió:

—Precisamente porque sé que los actos de Luisa fueron imperdonables, no tengo intención de obligar a Roxana a intervenir. Por eso, hoy mismo me aseguré de invitar a la Maestra Vera para que la evalúe. Debe estar en camino.

—¿La Maestra Vera? Eso es una excelente noticia, iré a preparar todo.

Diciendo esto, Marcelo se retiró.

Al notar que Marina seguía molesta, Rafael le habló con voz suave:

—Mi amor, no te enojes más. Aunque estoy profundamente decepcionado de Luisa, no deja de ser mi única hermana. No puedo simplemente cruzarme de brazos y verla agonizar de esa manera.

Marina no era una mujer de corazón de piedra, pero cuando se trataba de defender a su hija, era inquebrantable.

—A menos que Roxana perdone a tu hermana, ¡ella no volverá a pisar la casa de la familia Soler!

—Tienes toda la razón. Te apoyo.

***

En la Corporación Sandoval.

Roxana fue trasladada directamente a la compañía por un chofer enviado especialmente por Valeriano.

Como subió por el ascensor privado hasta la oficina del presidente, nadie se enteró de su llegada, excepto Leandro.

Al verla, el asistente se puso de pie de inmediato.

—Señorita Roxana, el señor Sandoval está en una reunión con unos clientes. Probablemente tarde un poco más, ¿le molestaría esperarlo en su oficina?

—Para nada.

—Maestra, vaya usted. Yo no podré acompañarla, tengo algunos asuntos pendientes que resolver por aquí.

—Está bien, esperaba que vinieras. Pero no te preocupes, cenaremos juntas esta noche —dijo la Maestra Vera, y luego agregó—: Y trae a tu prometido.

¿Llevar a Valeriano? Roxana sintió cómo sus mejillas se calentaban.

—No tienes por qué esconderlo. No es fácil para mí venir a Puerto Esperanza, y quién sabe cuándo nos volveremos a ver. Si ya tienes prometido, tráelo para que lo evalúe.

Tratándose del futuro de su alumna estrella, la actitud de la Maestra Vera era un poco dominante.

—De acuerdo, le preguntaré si está disponible y le aviso.

Tras colgar, Roxana notó que su corazón latía más rápido de lo normal.

En ese momento, alguien llamó a la puerta.

Al girarse, vio a Valeriano entrar en su silla de ruedas, vistiendo un elegante traje formal.

Probablemente venía de terminar la reunión, ya que aún conservaba un rastro de frialdad y dureza en su mirada.

Sin embargo, en el instante en que sus ojos se encontraron con los de ella, toda esa dureza se desvaneció, siendo reemplazada por una ternura desbordante.

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