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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 538

Al ver que Roxana seguía sonriendo, él no pudo ocultar su fastidio.

—No te ríes de mí.

Notando que su tono reflejaba incomodidad, Roxana detuvo sus risas.

—En estos días será mejor que mantengas tu distancia. Temo que los sicarios decidan atacar en cualquier momento y te pongan en peligro.

El ceño de Valeriano se frunció de golpe al escucharla.

—¡Qué tontería! ¿Acaso crees que soy el tipo de hombre que te abandonaría en medio de una crisis?

—Claro que no —se apresuró a aclarar Roxana. Sabía perfectamente que si él fuera de esa clase, no habría arriesgado su vida para salvarla en dos ocasiones anteriores, a pesar de sus problemas de movilidad.

—Si lo tienes tan claro, entonces no vuelvas a sugerir algo así. —Con un movimiento firme, Valeriano la atrajo hacia sí, abrazándola con posesividad—. Roxana, no intentes alejarme de ti. ¡Bajo ninguna circunstancia!

—No estaba intentando alejarte...

Roxana quiso explicarse, pero Valeriano deslizó la mano tras su nuca y la apretó con más fuerza contra su pecho, casi como si quisiera fundirla con él.

—Me gustas, Roxana. Mucho más profundo de lo que te imaginas. No me considero un hombre bondadoso, así que no entiendo esa lógica de apartar a la persona que quieres para protegerla. Si fuera por mí, te tendría atada a mi lado las veinticuatro horas. Pero sé que lo odiarías, así que conformarme con esperarte en la universidad ya es estar al límite de lo que puedo soportar.

»Sé que eres increíblemente fuerte y que tal vez puedas manejar esto sola. Pero eso era antes de que llegara a tu vida. Ahora me tienes a mí, y jamás permitiré que enfrentes los peligros en soledad. Me tiene sin cuidado si los que te buscan son asesinos a sueldo. ¡Puerto Esperanza es mi territorio, y tengo mil formas de asegurar que sus vidas terminen aquí mismo!

Roxana siempre pensó que Valeriano era un hombre racional y reservado, creyendo que su afecto por ella no pasaba de una fuerte atracción.

Nunca se imaginó que su devoción fuera tan visceral.

Sabiendo a lo que se enfrentaban, él seguía sin inmutarse, decidido a destruir a cualquiera que se atreviera a lastimarla.

La paz en el corazón de Roxana se quebró, dando paso a una tormenta de emociones.

Este hombre...

No tardaron en llegar a su destino.

Valeriano al fin la soltó, pero en la frialdad de sus ojos persistía una llama letal e implacable.

—Ya que fuiste tú quien me besó, tendrás que hacerte responsable de mí hasta las últimas consecuencias. ¡Nada de dejar las cosas a medias!

Roxana no habló.

Al llegar a las instalaciones del laboratorio de don Abelardo, se topó con un problema de acceso. Como no pertenecía al equipo de investigadores, su pase solo le permitía entrar a la recepción, bloqueándole el paso hacia la División de Investigación Estratégica.

Aun así, el simple hecho de haber logrado entrar dejó perplejo al encargado de seguridad.

—Buenas tardes. ¿Viene a una visita programada o busca a alguien en particular?

—Vengo a ver a don Abelardo, ¿podría anunciarme? —respondió Roxana amablemente.

—¿A don Abelardo? —La expresión del guardia se volvió cautelosa—. ¿De parte de quién?

—Mi nombre es...

—¡Tú de nuevo! ¡Este no es un hospital de quinta donde puedes pasearte como si nada! ¡Es un centro de investigación de medicamentos de máxima seguridad! ¡Largo de aquí, estudiante, o tendré que pedirle a la seguridad que te eche a patadas!

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