—Joven Roxana, hace un par de días fui a la Mansión Sandoval para el chequeo de rutina de Doña Beatriz y me enteré de que las piernas de Valeriano han recuperado la sensibilidad. Quería preguntarte, ¿cómo lo lograste? Yo mismo lo traté antes y, por más que ajustaba los remedios de medicina natural, sus piernas no reaccionaban.
El Doctor Lorenzo siguió a Don Abelardo hasta su oficina, incapaz de contener su curiosidad y pidiendo consejo con genuina humildad.
Don Abelardo había estado tan inmerso en su investigación que no sabía nada del asunto. Al escuchar esto, miró a la joven con asombro.
—Roxana, ¿de verdad el estado de Valeriano ha mejorado?
Roxana no podía revelar que Valeriano había sido envenenado, así que respondió con tacto:
—Fui yo quien lo trató, pero la falta de sensibilidad en sus piernas no era un problema neurológico, sino que fue provocado por otros factores. No puedo darles los detalles exactos en este momento, pero lo sabrán en el futuro.
Ambos veteranos no habían llegado a la cima de sus carreras siendo unos chismosos. Al instante comprendieron que había asuntos mucho más delicados de por medio.
—De acuerdo, lo entiendo. Pero la última vez que me mostraste esa técnica de terapia de agujas, me quedaron algunas dudas... —comentó el Doctor Lorenzo, haciéndole un par de preguntas más. Roxana las respondió con precisión.
Mientras más escuchaba, más impresionado quedaba el Doctor Lorenzo.
Roxana apenas era una adolescente, pero su comprensión de la medicina natural superaba con creces a la suya, aun habiendo dedicado toda su vida a estudiarla. Además, todo lo que decía tenía fundamentos sólidos. No pudo evitar suspirar; realmente se estaba haciendo viejo. Afortunadamente, las nuevas generaciones contaban con talentos excepcionales como ella.
Cuando el Doctor Lorenzo se marchó, Don Abelardo finalmente rompió el silencio.
—Roxana, también había escuchado sobre la enfermedad de Valeriano e incluso revisé su pulso en secreto. Aunque era más débil de lo normal, no justificaba una parálisis tan severa. Investigué mucho y llegué a la conclusión de que podría tratarse de algún veneno, pero no tenía idea de cuál. ¿Acaso tú ya lo descubriste?
Roxana asintió.
—Sí, en efecto, fue envenenado. Y es una toxina muy inusual.

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