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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 551

Lucía yacía en el suelo, con el cuerpo sacudido por violentos espasmos a causa del dolor.

Sin embargo, al escuchar una voz suave y carente de toda malicia, hizo el esfuerzo de abrir los ojos.

De inmediato, vio a una joven con un rostro tan hermoso que parecía tallado por los ángeles, y el pánico se apoderó de ella.

¡Su esposo era un malnacido, y si veía a una muchacha tan bonita, sin duda intentaría aprovecharse de ella!

—¡No te preocupes por mí, huye! —le suplicó.

Roxana Soler estaba aplicándole unas agujas de emergencia para detener la hemorragia, pero el repentino empujón de la mujer casi hizo que errara el punto de presión.

—No te muevas. Estoy deteniendo el sangrado, si no lo hago, perderás la vida.

—¡No me importa! —A Lucía ya no le importaba su propio destino; al fin y al cabo, ya lo había perdido todo, pero no podía permitir que le pasara nada malo a esa hermosa muchacha—. ¡Vete ya! Seguro mi esposo fue a buscar algo para amarrarte. ¡Si no te vas ahora, no podrás escapar!

Roxana alzó levemente la barbilla.

—¿Te refieres a él?

Lucía siguió la mirada de la joven y vio al desgraciado de su esposo, a quien ella consideraba un monstruo, acurrucado en el suelo como una bola, temblando y suplicando piedad.

—¡Ya no me peguen, por favor! ¡Me van a matar!

A un lado, Julián, asqueado por la cobardía del hombre, le pisó los dedos de la mano con fuerza.

—¡Ah! —El hombre soltó un alarido de agonía y empezó a suplicar sin parar—: ¡Ya no me torturen, se los ruego! Lo que quieran, díganmelo. ¡La casa, mis ahorros, mujeres, llévense lo que quieran! ¡Mientras me dejen vivir, pueden hacer lo que se les dé la gana!

Lucía se quedó boquiabierta.

¿Así que él también sabía suplicar? ¿También le tenía miedo a la muerte? ¿También sentía dolor?

¡Pero seguía siendo igual de inhumano!

¡Con tal de salvar su propio pellejo, incluso había intentado ofrecerla a ella!

Roxana notó cómo los ojos de Lucía se inyectaban de sangre; sabía que odiaba a ese bastardo. Con voz suave, le dijo:

—Te llamas Lucía, ¿verdad? Antes trabajabas como cuidadora de niños, te encantaban los pequeños. Si no te hubieras cruzado con él, probablemente seguirías haciendo ese trabajo.

—¿Tú crees? ¿De verdad pagará por lo que hizo?

Hubo un tiempo en que esperó que la justicia divina interviniera, ¡pero la realidad le había demostrado que el cielo estaba ciego!

Si no fuera así, su dulce y obediente Tiaguito no habría muerto.

Roxana la miró a los ojos y asintió con firmeza.

—¡Te lo aseguro! Además, en este mundo hay muchos monstruos como él, y también hay muchos niños inocentes como tu hijo. ¿No te gustaría ayudarlos?

Lucía se quedó perpleja. ¿Aún podía ayudar a otros?

—¡Jefa, los de afuera están haciendo mucho escándalo! ¿Qué le parece si salgo, les doy una paliza y luego hago que nos lleven a su escondite? —preguntó Julián.

Roxana guardó su estuche de agujas; la idea no sonaba nada mal.

En ese instante, un estruendo brutal sacudió la puerta de hierro.

Todos se giraron y vieron la afilada hoja de un hacha atravesando el metal, dejando una grieta escalofriante.

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