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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 552

—¡Les doy un minuto para que me abran la maldita puerta! ¡Si no lo hacen, cuando entre, ninguno de ustedes saldrá vivo!

Lucía, que apenas empezaba a asimilar que aquellos hombres rudos llamaran «jefa» a la jovencita, volvió a entrar en pánico al ver el hacha.

—¡Tienen que irse! Esos son los matones de El Cobra. Él es un hombre despiadado, no podrán contra él. ¡Pueden escapar por la tubería de la cocina, por ahí no los verán!

—¡Por favor! ¡A estos mediocres me los como vivos! —Julián soltó una carcajada burlona, caminó tranquilamente hacia la grieta en la puerta y le gritó al que estaba del otro lado—: ¿Qué pasa, no desayunaste? ¡Ni siquiera puedes derribar una puerta tan delgada! ¡Con esa fuerza de debilucho, qué vergüenza que te digas matón!

—¡Jefe, lo está insultando! —le avisó de inmediato el secuaz del hacha a un hombre con camisa floreada.

Fabio «El Floreado» le soltó una patada a su subordinado y lo mandó al suelo.

—¡No estoy sordo, imbécil! ¡Lárgate, son todos unos inútiles!

El secuaz, sobándose la cintura, retrocedió en silencio.

Fabio se asomó por la grieta, vio a Julián y sonrió con malicia; su mirada era gélida.

—Tienes la lengua muy suelta. ¡Pues voy a entrar a ver de qué estás hecho, a ver si eres tan rudo como dices!

Julián alzó una ceja y retrocedió un paso.

¡Pum!

Un disparo destrozó la cerradura de la puerta.

Acto seguido, la puerta se deslizó temblorosamente, abriéndose de par en par.

Fabio entró apuntando su arma directamente a Julián.

—¿No que muy valiente? ¡A ver, vuélveme a insultar!

Julián miró el arma y sonrió de medio lado.

—Te sugiero que no me apuntes con eso. Odio que me apunten a la cabeza.

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