—¡Hijos de perra!
Julián nunca se había considerado un buen hombre, pero al presenciar aquella escena, la ira lo consumió.
Dio media vuelta y le pateó la cabeza y el estómago a El Cobra sin piedad.
Lo golpeó hasta dejarlo a las puertas de la muerte.
—Suficiente —lo detuvo Roxana. Ver a aquellos niños inocentes en ese estado también la llenó de furia—. Por suerte no llegamos demasiado tarde, no tuvieron tiempo de trasladarlos.
Julián tomó dos bocanadas de aire profundo, intentando calmar el fuego en su interior.
Esos niños tenían la misma edad que su jefa cuando fue entregada como sujeto de pruebas en un laboratorio. El solo pensamiento de que ella hubiera soportado el mismo sufrimiento hacía que su instinto asesino se volviera incontrolable.
—Tienes razón. ¿Iremos a buscar a su jefe superior entonces?
—Deja que se encargue la policía. Por ahora, quiero que encuentres la forma de hacer hablar a ese sujeto tatuado. Lo más probable es que no trabaje para El Cobra, sino que sea el espía que otra organización colocó aquí. Su verdadera organización es nuestro próximo objetivo.
—Entendido. Descuida, lo haré cantar.
Roxana se acercó a revisar a los pequeños; comprobó que, aunque las heridas eran severas, ninguna ponía en riesgo sus vidas.
Tras administrarles un medicamento, le encomendó a Julián el resto de la operación y se marchó primero.
Justo cuando ella se retiraba, Valeriano llegó al lugar junto con un convoy policial.
A través de la ventana del auto, Leandro vio cómo los oficiales sacaban uno a uno a los delincuentes esposados.
Entre ellos iba El Cobra, visiblemente malherido.
Pero, tras esperar hasta el final, no logró identificar al hombre de la foto. Rápidamente se dirigió a su jefe:
—Señor Valeriano, el hombre que buscamos no está entre los detenidos.
Valeriano todavía tenía en sus manos el expediente del sujeto, aunque, salvo la fotografía, toda la información resultó ser falsa.
—Alguien debió llevárselo antes de que llegáramos.
—¿De verdad? Pero si apenas acabamos de dar con su paradero. ¿Quién podría haberse adelantado?
Mientras Leandro hablaba, vio a Julián salir por la puerta principal.
Salía charlando con los oficiales e incluso uno de ellos le estrechó la mano en señal de agradecimiento.
Poco después, unos paramédicos sacaron en brazos a varios niños.
—Vámonos.
Leandro creyó que su jefe se enfrentaría a Julián, y le sorprendió que ordenara la retirada sin decir una sola palabra.
—Señor Valeriano, ¿ya no buscaremos a ese sujeto?
—No es necesario. Te aseguro que muy pronto tendremos noticias sobre él.
Leandro se quedó perplejo; no entendía cómo su jefe había llegado a esa conclusión, pero al confiar ciegamente en él, no hizo más preguntas.
***
Esa misma tarde, los medios se llenaron con la noticia de lo ocurrido en el Club Ensueño.
La sociedad entera quedó conmocionada.
Innumerables clientes frecuentes del club declararon que jamás imaginaron que el tercer piso albergara una red criminal tan oscura.
Algunos familiares de víctimas, al enterarse de que sus hijos habían sido rescatados allí, o que el rastro de sus desaparecidos apuntaba al lugar, acudieron a lanzar piedras y destrozar la fachada del club.
Por suerte, la recolección de pruebas ya había concluido y la evidencia crucial estaba a salvo; de lo contrario, aquello se habría convertido en una auténtica batalla campal.

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