Después de la cena, Dulce se veía agotada.
Al notarlo, Darío preparó de inmediato un automóvil para llevarla de regreso al hospital.
Rafael y Marina los acompañaron personalmente hasta la puerta, recordándole a su hijo una y otra vez que cuidara muy bien de su novia.
Valeriano vio que ya era tarde, pero la idea de irse no le pasaba por la cabeza.
—Roxana, en este jardín hay algunas plantas que hice traer especialmente desde la Región de los Tres Oros. ¿Quieres ir a verlas? Te acompaño.
Sabiendo que todo lo proveniente de la Región de los Tres Oros solía ser flora medicinal altamente codiciada, los ojos de Roxana brillaron de interés.
—Vamos.
Al ver que planeaban quedarse a solas, Yara se apresuró a seguirlos.
—Valeriano, Roxana... creo que cené demasiado. ¿Me dejan caminar con ustedes para hacer la digestión?
La expresión de Valeriano se enfrió.
—Lo siento, pero preferiría que no.
Yara no se rindió. Con los ojos bien abiertos y fingiendo inocencia, se dirigió a su hermana.
—Roxana, está muy oscuro afuera y me da miedo. Déjenme ir con ustedes, ¿sí? Les prometo que no diré ni una palabra para no interrumpir su charla.
El rostro de Roxana no alteró su calma estoica.
—No. Sería muy incómodo para nosotros. Si tienes miedo a la oscuridad, dile a mamá que te acompañe.
Al verse rechazada por ambos, Yara frunció los labios con rabia, dio media vuelta y fingió marcharse.
¡Qué se creían!
¡Como si un simple rechazo fuera a detenerla!
Valeriano no pasó por alto la furia y el resentimiento que destilaban los ojos de Yara al darse la vuelta. Su mirada se oscureció como la noche, pero en cuanto volvió a posarse en Roxana, se llenó de ternura.
—Vámonos.
Roxana miró de reojo en la dirección que había tomado Yara antes de caminar junto a él.
Apenas se alejaron, Yara comenzó a seguirlos, ocultándose entre las sombras.
Se volvió hacia Valeriano y arqueó una ceja.
La mirada de Valeriano se oscureció. Él también había notado a la intrusa, y captó el mensaje de Roxana al instante.
Oculta entre los arbustos, Yara se asomaba con sigilo. Desde su ángulo, solo podía ver a Valeriano sentado; el cuerpo de él ocultaba por completo a Roxana, que estaba agachada.
El corazón de Yara dio un salto de júbilo. ¡Valeriano estaba solo!
¡Era su momento perfecto!
Había crecido a su lado y siempre había estado enamorada de él. Pero Valeriano tuvo la mala fortuna de sufrir aquel accidente justo en el apogeo de su éxito. Solo entonces ella había empezado a buscar otras opciones.
Sin embargo, Valeriano siempre había sido irreemplazable para ella. Y ahora que había vuelto a caminar, pronto reclamaría su trono como el dios inalcanzable de los negocios.
Tenía que aprovechar esta oportunidad. Si lograba unirse a la familia Sandoval, la actitud de los Soler le importaría un comino.
Mientras se devanaba los sesos pensando en una excusa perfecta para acercarse y hablarle, un inquietante crujido comenzó a escucharse a su lado.
Un siseo constante, como el de algo arrastrándose.

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