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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 799

—¡Atrás!

Roxana tiró del brazo de Valeriano con fuerza, obligándolo a retroceder de golpe.

Un destello plateado y escalofriante pasó a milímetros de sus ojos, iluminando la oscuridad.

*¡Clang!*

El objeto metálico rebotó contra el asfalto.

Roxana bajó la mirada. Era una hoja afilada, forjada con una técnica tan impecable que resultaba delgada como el ala de una cigarra.

Un arma capaz de rebanar el hierro como si fuera mantequilla.

Notó que el filo vibró ligeramente contra el suelo, imitando el aleteo de una mariposa.

Al segundo siguiente, la cuchilla se elevó de la nada. Parecía tener vida propia mientras se dirigía directo a su garganta.

—¡Cúbrete! —Roxana empujó a Valeriano y se lanzó detrás del auto.

Esta vez, la cuchilla no tocó el suelo; trazó un arco cerrado en el aire y volvió a apuntar hacia ella.

—¿Q-qué demonios es eso? —tartamudeó Leandro, atónito.

¡¿Cómo podía volar una espada sin que nadie la estuviera tocando?!

¡Era brujería! ¡Superaba cualquier límite de la lógica humana!

—¡No pierdas la calma! —bramó Valeriano. Al ver que el arma iba solo por Roxana, supo que el verdadero objetivo era el Ginseng de las Nieves que ella llevaba—. Es magia barata. Alguien debe estar controlándola.

Leandro forzó la vista, pero no logró distinguir ni un solo cable sosteniendo el filo.

Las Sombras, igual de desconcertadas, vieron a Roxana esquivando el arma alrededor del auto. Querían intervenir, pero temían que cualquier movimiento en falso la perjudicara. Solo les quedaba mantenerse en alerta máxima.

Tras dar cinco vueltas alrededor del vehículo, Roxana notó que la velocidad del ataque disminuía. Era su oportunidad.

—¡Valeriano, apunta al extremo inferior del filo! ¡A las tres en punto!

Ante el gritó de Roxana, Valeriano no dudó un segundo. Levantó su arma, calculó el ángulo y disparó.

La bala rasgó la noche, dejando una estela de chispas, y fue a estrellarse contra una enorme roca a más de cien metros de distancia.

De las sombras detrás de la piedra emergió una silueta humana, que usando la pared rocosa como trampolín, saltó ágilmente y volvió a desaparecer en la espesura del bosque, silenciosa como un demonio.

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