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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 800

Al ver a través de los lentes quién había destruido el hilo de la Hoja Líquida, una sonrisa perezosa se dibujó en sus labios pálidos.

—Con razón... eras tú.

Detrás de él, Alonso y Siete aguardaban en silencio.

Al escuchar el tono de sorpresa y fascinación de su jefe, intercambiaron una mirada confundida.

—Jefe —intervino Alonso—, Filo Tres acaba de activar la señal de auxilio. ¿Damos luz verde para intervenir?

Patricio soltó una carcajada suave y despectiva.

—No. Tengo otros planes.

Siete, indignada al ver que su líder estaba dispuesto a abandonar a uno de los suyos, no pudo contenerse.

—Jefe, Filo Tres es un maestro con esa arma, pero ya ha sido rodeado. Esos tipos no van a tener piedad con él. Perderlo sería un golpe duro para nosotros.

La organización había pasado años operando en las sombras para evitar ser rastreada. Sus métodos de asesinato eran únicos; si Filo Tres caía vivo y confesaba, el mundo entero sabría de su existencia.

¡Siete no quería volver a los días de persecución y miseria!

Alonso, aunque no tenía binoculares para ver qué estaba ocurriendo, respaldó a su compañera.

—El enemigo es peligroso, jefe. Para evitar riesgos futuros, ¿no sería mejor aniquilarlos a todos esta misma noche?

Patricio lo miró con gélida indiferencia.

—Ustedes no tienen el nivel para enfrentarse a esa gente. Nos retiramos. Preparen el vuelo privado, volvemos a casa esta misma noche.

Siete y Alonso quedaron de piedra.

Hacía apenas unas horas, en la subasta, él les había ordenado arrebatar el Ginseng a cualquier costo. Y ahora, tras un solo cruce de golpes, ¿se rendía y ordenaba la retirada?

¿A quién demonios se estaban enfrentando?

Siete apretó los puños, negándose a ceder.

—Jefe, pero Filo Tres...

Patricio bajó los binoculares y la atravesó con una mirada letal.

Sus ojos azules, ahora desprovistos de cualquier lente de contacto falso, brillaban con la profundidad turbia y peligrosa del océano.

—Siete. Estás hablando demasiado.

Esa frase, pronunciada sin levantar la voz, llevaba una carga de amenaza absoluta.

Alonso agarró a Siete del brazo de inmediato, advirtiéndole en silencio que no cruzara la línea.

Patricio guardó sus binoculares con exasperante lentitud, bajó de la valla metálica y su voz se volvió aún más implacable.

Capítulo 800 1

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