—Tú... ¡Ah!
Antes de que el dueño de la motocicleta pudiera terminar la frase, fue arrancado de su asiento. Una voz femenina y fría se mezcló con el viento.
—¡Te la tomo prestada! ¡Ve mañana a pedir una compensación al Grupo M&R Global!
—¡Hijo de...! ¡Estafadora, te metiste con la persona equivocada! ¡Vas a pagar! ¡Mañana te dejaré en la bancarrota!
Roxana no prestó atención a los insultos que quedaron ahogados por el viento. Una vez que tuvo el vehículo que se había llevado a Iker en la mira, aceleró al máximo. ¡La motocicleta modificada rugió como una pantera desbocada sobre el asfalto!
En el auto.
Iker, que minutos antes le rogaba por su vida a Bernardo Montes, ahora utilizaba la misma táctica para pedir piedad.
Pero a la persona que iba en el vehículo no le importaron sus súplicas y lo dejó inconsciente con un codazo.
—Siete, nos está siguiendo.
Siete estaba sentada en la parte trasera. Al mirar por el espejo a la esbelta figura en camisón de seda, con el cabello alborotado por el viento, sus labios formaron una sonrisa fría.
—Sigamos el plan. Déjame a mitad de la montaña, ¡luego da la vuelta y ve a rescatar a Filo Tres!
—¡Entendido! ¡Ten cuidado! —respondió Alonso.
El auto aceleró a fondo, tomando una considerable distancia de Roxana. Se detuvo en la ladera de la montaña por apenas diez segundos antes de arrancar de nuevo hacia la cima.
Roxana estaba completamente empapada. La humedad de la lluvia, combinada con el viento helado de la noche, le robaba el calor corporal a cada segundo.
Pero para ella, eso no era nada.
Delante de ella había una curva pronunciada.
La lluvia empezó a caer de nuevo como una cascada, nublando su visión.
Por seguridad, tuvo que reducir la velocidad.
«Zas, zas». Dos sonidos extraños se escucharon a un lado del camino.
Roxana apretó los frenos. Debido a los charcos, los neumáticos patinaron levemente, desequilibrando la moto.
Roxana aflojó el agarre de los frenos, bajó el pie de apoyo de la motocicleta y se sentó con una expresión relajada.
—Me parece bien. Tampoco planeaba dejarte ir. Pero como no te conozco, ¿por qué no me dices quién eres?
Siete no esperaba que, en lugar de apresurarse a pelear, se sentara a charlar con ella. Le costaba descifrarla.
Pero como realmente estaba intrigada por Roxana, se sentó en el suelo mojado con aún más desenfado.
—Me la pones difícil con esa pregunta. Soy una persona sin nombre, y mi historia no tiene nada de interesante. En cambio tú, pareces tener una vida llena de experiencias. ¿Por qué no me cuentas tú?
Roxana se apoyó hacia atrás con ambas manos, cambiando de postura para sentarse de lado en el asiento de la moto. Aunque parecía relajada, sus sentidos estaban alerta al máximo.
—¿No me investigaste ya? ¿Acaso no conoces mi historia?
—Eso es diferente —Siete sonrió, apoyando la barbilla en su mano—. Lo que se puede investigar es solo lo que quieres que la gente sepa. Lo que intentas ocultar es imposible de encontrar. Al igual que yo; no quiero que nadie sepa que alguna vez fui una pequeña muda, y hasta el día de hoy, nadie lo sabe.
¿Pequeña muda?
Esas dos palabras despertaron de golpe los recuerdos que Roxana había sellado hace mucho tiempo.

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