«¿M&R Global?», pensó Bernardo Montes, sumido en sus pensamientos.
—Es una excelente opción, pero dudo que nos hagan caso —comentó con escepticismo.
Después de todo, M&R Global no solo era un gigante internacional con sedes en todo el mundo, sino que su alcance de negocios era inmenso. Y lo que era más intimidante, la fundadora de la compañía mantenía relaciones excepcionales con la realeza de varios países.
Solo en Estados Unidos, desde que M&R Global se estableció, su conexión con el príncipe Zachary les había abierto todas las puertas, permitiéndoles disfrutar de beneficios fiscales y políticos que ninguna otra empresa lograba conseguir. Era algo que ni él mismo podía lograr.
—Yo puedo ser tu intermediaria, porque yo... —Roxana miró a Valeriano, quien la observaba en silencio, e hizo una pausa—. Conozco a Julián, el responsable de la sede global de M&R.
Bernardo se sorprendió aún más. Su hermano mayor le había contado que Roxana no había tenido una vida fácil, pero que se las había arreglado sola y había aprendido muchas habilidades para sobrevivir. ¡Pero nunca le mencionó que conociera a alguien como Julián!
—Roxana, ¿piensas usar el favor que te debe Julián para negociar? —preguntó Valeriano con voz suave.
Lo hizo a propósito para que Bernardo entendiera el sacrificio que ella estaba haciendo. Por más que Roxana hiciera parecer que todo era fácil, esto no era un asunto menor.
Como era de esperar, el rostro de Bernardo se tornó serio de inmediato.
—¿Un favor? ¿De qué están hablando?
Julián era una persona muy influyente. ¿Cómo era posible que le debiera un favor a Roxana?
Roxana notó la intención de Valeriano y le dedicó una tierna sonrisa antes de contarle a su tío lo que había pasado en la Región de los Tres Oros.
Al terminar, no olvidó pedirle discreción.
—Tío Bernardo, no quería preocupar a mis papás, por eso nunca les he dicho nada. Te pido que, por favor, les guardes el secreto.
Había decidido contárselo porque lo más probable era que en los próximos dos días tuviera que regresar a Estados Unidos y no podría ocultárselo por mucho tiempo. Era mejor prepararlo.
Bernardo jamás imaginó que su sobrina, que parecía tan dulce y tranquila, se hubiera atrevido a ir sola a un lugar tan peligroso como la Región de los Tres Oros, y mucho menos que hubiera erradicado un nuevo virus por su cuenta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA