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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 868

Leandro por fin logró soltarse de sus ataduras y abrió la ventana dispuesto a saltar, imitando a su jefe.

Pero, para su mala suerte, se topó de frente con la mirada furiosa de la Jefa Akna asomándose desde abajo.

Esos ojos se veían listos para despellejarlo vivo.

Cerró la ventana de golpe, aterrado.

Un segundo después, escuchó que alguien abría la puerta. Creyendo que era la Jefa Akna y sus guardias, agarró un grueso palo de madera y lanzó un golpe con todas sus fuerzas hacia el intruso.

—¡Stop!

El grito en un perfecto acento estadounidense lo detuvo en seco.

Leandro levantó la vista y descubrió que no se trataba de la temible líder de la tribu, sino de un joven en camisa y jeans.

—¿Quién eres tú?

Daniel no respondió de inmediato. Revisó el interior de la cabaña con la mirada, y al confirmar que Leandro era el único ahí, sonrió y dijo:

—El tipo que vino a salvar tu trasero.

Sin darle tiempo a reaccionar, agarró a Leandro del brazo y lo jaló hacia la parte trasera de la cabaña.

La Jefa Akna ya había logrado subir y se abalanzó sobre ellos. Daniel reaccionó al instante y le conectó una fuerte patada en el pecho.

La mujer cayó de espaldas, derribando como fichas de dominó a los guerreros que subían detrás de ella por las rudimentarias escaleras.

En un segundo, la escalera quedó bloqueada por una montaña de cuerpos.

—Ella...

—No hay tiempo para presentaciones, ¡corre o no la contamos!

Daniel arrastró a Leandro hacia una zona elevada del terreno.

Al llegar a una amplia formación rocosa, Leandro vio un helicóptero esperándolos con los motores encendidos.

Subió a trompicones, completamente exhausto.

Daniel subió detrás de él.

En cuanto la aeronave comenzó a ascender, Leandro por fin sintió que su alma regresaba a su cuerpo.

Abajo, la Jefa Akna observaba impotente cómo su mascota favorita escapaba. Llena de rabia, señaló a Leandro y lanzó una amenaza.

—¡Tarde o temprano, caerás en mis manos!

Al escuchar sus gritos, Leandro sintió un escalofrío que le erizó hasta la nuca.

—Oye, hermano, tienes pegue, ¿eh? Hasta lograste que esa salvaje se enamorara de ti —se burló Daniel.

Leandro negó con la cabeza y respondió en inglés, todavía traumatizado:

—Créeme, prefiero morir soltero que tener ese tipo de suerte.

Al notar que de verdad estaba asustado, Daniel dejó de bromear y le tendió una botella de agua fresca.

Leandro tomó un buen trago. Entonces, notó por la ventana que no se estaban alejando de la isla, sino que volaban hacia el interior.

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