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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 869

Ante el grito de Valeriano, los hombres de la Alianza Ígnea se dispersaron como aves asustadas.

Los miembros del Gremio Lobo Sangriento no tenían por qué obedecerlo, pero sus piernas, traicionándolos por la imponente presencia del hombre, los hicieron retirarse junto con los demás.

Roxana no entendió por qué Valeriano se había molestado tan de repente, pero se giró hacia sus subordinados y ordenó con firmeza:

—En cinco minutos, reunión en la carpa principal. Quiero ver los resultados de los escáneres.

—¡Sí, Jefa!

Los hombres de ambas organizaciones respondieron al unísono.

Luego de responder, los de la Alianza Ígnea se rascaron la cabeza, confundidos.

¿Qué les pasaba?

¿Por qué acababan de recibir órdenes de la jefa del Gremio Lobo Sangriento?

Valeriano siguió a Roxana hasta la tienda principal. Apenas cruzaron la entrada, él la tomó del brazo, la hizo sentarse en una silla y apoyó ambos brazos en los reposabrazos, acorralándola con su imponente figura.

En la profundidad de sus oscuros ojos, había un notable resentimiento.

—Roxana, volviste a guardarme un secreto.

—¿Qué secreto? —Roxana no intentó zafarse, sino que levantó el rostro para mirarlo con una pequeña sonrisa.

—Que tú eras la verdadera líder del Gremio Lobo Sangriento. Jamás mencionaste una sola palabra sobre eso, me hiciste creer que solo eras una vieja amiga de Julián.

Roxana lo miró a los ojos y, al comprobar que la situación realmente le dolía, decidió darle una explicación honesta.

—En aquel entonces solo quería evitar problemas innecesarios, por eso no dije nada. Además, en esa época tú y yo no éramos tan cercanos, ¿recuerdas?

Valeriano quiso contradecirla, quiso decirle que él ya estaba perdidamente enamorado de ella en ese momento.

Pero se contuvo por temor a ser demasiado intenso y asustarla.

—¿Hay algún otro secreto que me estés ocultando ahora?

Roxana se quedó en silencio por unos segundos.

Valeriano frunció el ceño. ¡Por supuesto que había más secretos!

Retiró las manos de los reposabrazos y, con extrema suavidad, sostuvo el rostro de ella entre sus palmas.

—Roxana, soy tu prometido, y seré tu esposo. Lo que es tuyo, es mío, tanto en las buenas como en las malas. Yo no te oculto nada y quiero poder ayudarte a cargar con tus problemas. No importa lo peligroso que sea lo que estás haciendo, quiero que me permitas estar a tu lado.

»Por favor, no me dejes fuera de tu vida. ¿De acuerdo?

Roxana observó sus ojos cargados de ternura y sinceridad, y sintió cómo su corazón, usualmente imperturbable, comenzaba a latir con más fuerza.

—No te estoy dejando fuera de mi vida. Es solo que hay ciertas cosas que, por ahora, son imposibles de explicar.

La mirada de Valeriano se oscureció con un tinte de decepción.

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