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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 919

Inicialmente, el plan de Valeriano era aterrizar en el helipuerto privado de la residencia de la familia Montes, pero al entrar al espacio aéreo estadounidense, recibió una llamada urgente que lo obligó a cambiar la ruta.

Terminaron descendiendo en el helipuerto de la sede central de la Corporación Sandoval.

Al abrirse la compuerta, Roxana se topó con dos impecables filas de altos ejecutivos, vestidos con trajes de diseñador.

Todos estaban conteniendo el aliento, esperando con reverencia a que el gran jefe descendiera.

—Si no tienes mucha prisa hoy, ¿te gustaría esperarme en mi oficina? —le murmuró Valeriano dentro de la cabina, abrazándola por la cintura, reacio a dejarla ir.

Pero Roxana negó con la cabeza.

—Hoy me es imposible. Tengo que ir urgentemente a M&R Global. La última vez que estuve aquí me exigieron una junta directiva, y si vuelvo a posponerla, mis socios van a incendiar el edificio.

Valeriano ya estaba acostumbrado a su ritmo de vida frenético. Él mismo era considerado un adicto al trabajo implacable, pero ella lo superaba con creces.

—De acuerdo. En ese caso, enviaré mi auto personal para que te lleve. Y ni intentes negarte, o no me quedaré tranquilo.

—Está bien —aceptó Roxana con una sonrisa leve, añadiendo—: Dejaré la visita a tu oficina para la próxima vez.

Al escuchar la promesa, la tristeza en los profundos ojos de Valeriano se esfumó, reemplazada por un brillo de pura ilusión.

—Es un trato.

Afuera, los directivos llevaban cinco minutos de pie frente al helicóptero y el jefe seguía sin dar la cara.

La ansiedad empezaba a devorarlos vivos.

—El Presidente Sandoval es famoso por su puntualidad británica. ¿Por qué se demora tanto?

—No tengo la menor idea, pero esta actitud me está dando escalofríos.

—¿Creen que cometimos un error imperdonable y esta es su forma de castigarnos psicológicamente?

—Ahora que lo mencionas... hace tres días llamé a Leandro, su asistente, para consultarle algo sobre la reestructuración, y me respondió con un frío «espere indicaciones».

—¡Dios santo, a mí me dijo lo mismo! Leandro nunca es tan cortante con nosotros. ¿Será que el jefe está perdiendo la paciencia con esta filial y nos está mandando una advertencia indirecta?

—Mi último proyecto lleva semanas en su escritorio sin ser aprobado... ¿Cree que ya no sirvo para el puesto?

—Corren rumores de que hubo un recorte de personal masivo en las oficinas centrales. ¿Será que la purga llegó a nuestro lado del charco?

El pánico corporativo se apoderó de todos. A su edad, si la Corporación Sandoval los despedía, estarían acabados.

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