—Hoy mostraron un comportamiento impecable. Autorizo un bono mensual extra para todos. El departamento de finanzas lo reflejará en su próximo pago —anunció Valeriano con tono dictatorial, pero sereno.
Los altos ejecutivos, que juraban tener un pie en la calle por los supuestos despidos, sintieron que el alma les regresaba al cuerpo.
Sabían perfectamente que ese golpe de suerte había sido obra exclusiva de aquella joven llamada Roxana. Se grabaron su rostro a fuego en la memoria; la próxima vez que ella pisara la corporación, la tratarían como a la realeza misma. A lo mejor les caía otro bono.
***
En la sede central de M&R Global.
Daniel, para evitar ser el mal tercio, había preferido no volar junto a Roxana y Valeriano. En su lugar, tomó una ruta directa hasta el helipuerto corporativo de M&R.
El acceso a esa plataforma era un privilegio absoluto de Roxana, pero dado que ella operaba desde las sombras, le había otorgado los permisos a él y a Julián.
Sin embargo, como Julián se había quedado en la Región de los Tres Oros recuperándose y manejando los cabos sueltos de la operación —además de investigar en secreto lo que la jefa le había pedido—, Daniel llegó solo.
Alertadas sobre su inminente aterrizaje, las secretarias Rosalinda y Sol, acompañadas de dos asistentes de menor rango, ya lo esperaban en la azotea.
En cuanto el helicóptero apagó los motores, Rosalinda se adelantó con paso firme, abrió una elegante sombrilla para protegerlo del sol y le ofreció una botella de agua purificada de alta gama.
No era agua cualquiera; había sido desarrollada por un instituto médico financiado por M&R Global, diseñada específicamente para desintoxicar el organismo y carecía por completo de impurezas. El rumor era que una leyenda del mundo de la medicina la había formulado personalmente.
—Señor Daniel, bienvenido. Beba un poco, debe estar agotado.
Daniel la ignoró por completo.
—El individuo del que me hablaste por teléfono... ¿ya lo despacharon?
—Sí, señor. Aunque no garantizó que regresaría mañana a la cita.
Daniel se detuvo en seco. Sus ojos, habitualmente tranquilos, se clavaron en ella con una intensidad sombría.
—¿No lo garantizó? ¿Así es como haces tu trabajo?
Sol, notando el drástico cambio de humor del vicepresidente, tragó saliva y mantuvo la cabeza agachada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA