~ARTEM~
Su reacción, al escuchar lo que le dije, fue inmediata.
La vi palidecer, como si las palabras hubieran conseguido arrancarle de golpe el poco color que todavía tenía en el rostro. Sus dedos se tensaron sobre la tela del sofá, tragó con dificultad y desvió los ojos hacia un punto cualquiera de la sala, evitando mirarme.
No necesitaba ser especialmente bueno leyendo a la gente para entender que había acertado exactamente donde no quería que nadie tocara.
Hasta ese momento ella había respondido con rabia y amenazas, pero aquello era diferente. Hablar de los hombres que la habían perseguido había conseguido desarmarla mucho más que quitarle el cuchillo de las manos.
—¿Cómo te llamas? —pregunté.
Ella continuó mirando hacia otro lado.
—¿Cómo te llamas? —repetí.
—Y a ti qué te importa —mordió, todavía sin verme.
Respiré hondo, intentando no perder la puta paciencia.
—¿Cuál es tu maldito nombre? —gruñí.
—No te lo voy a decir.
Intentó mantener el tono desafiante, pero ya no sonaba igual. La voz le temblaba apenas y sus manos seguían demasiado tensas.
La pequeña porción de paciencia que me quedaba se esfumó.
Alargué una mano, sujeté su barbilla entre los dedos y la obligué a girar el rostro hacia mí.
—Solo te lo voy a repetir una vez más. Si quieres que siga ayudándote, será mejor que cooperes.
Aquellos ojos del color del caramelo se clavaron en los míos con evidente desconfianza.
—Mina.
Fruncí ligeramente el ceño porque no era lo que había preguntado.
—¿Mina qué?
Ella apretó los labios.
—Mina.
La observé unos segundos con mucha rabia y todavía más ganas de arrancarle la respuesta que quería a la mala, pero me obligué a recordar que no era un enemigo o un traidor. Al menos no por el momento.
—Bien. Mina, entonces. —Solté su barbilla y apoyé nuevamente los antebrazos sobre mis piernas—. ¿De quién huías y por qué?
Volvió a apartar la mirada y apreté la mandíbula.
La dejé unos segundos, esperando que respondiera por voluntad propia, pero no lo hizo. Tenía la mandíbula tensa y los ojos fijos en el suelo, como si permanecer callada pudiera hacer desaparecer la pregunta.
Irritado, volví a sujetarle la barbilla.
—No me hagas sacarte las respuestas a la mala.
Ella intentó apartarse, pero no la dejé.
—Escúchame, mexicana —continué, mirándola directamente—. Tengo dos opciones: puedo sacarte la información a la mala, o puedo averiguar todo esto por mi cuenta si quiero. Créeme, no me costaría demasiado. Pero preferiría que fueras tú quien me lo contara y no tener que recurrir a ninguna de esas opciones.
No respondió y la solté.
Durante varios segundos ninguno de los dos apartó los ojos del otro. La expresión de Mina cambió más de una vez. Miedo. Desconfianza. Rabia. Algo parecido a vergüenza. Después otra vez miedo. Parecía discutir consigo misma, decidiendo cuánto podía decirme sin ponerse todavía más en peligro.
Esperé. No la apresuré de nuevo y finalmente tragó saliva.
—Mina es como me llamaba mi madre —explicó—. Mi nombre completo es Herminia Salazar.
Asentí una vez.
Ella inhaló despacio y miró sus propias manos.
—Tenía diecisiete años cuando Ezequiel Montalvo me raptó.
Su voz había cambiado. Ya no había desafío ni enojo. Hablaba despacio, con una rigidez que parecía exigirle esfuerzo para sacar cada palabra.
—Me llevó a la fuerza y me convirtió en su mujer. —Hizo una pausa breve y apretó los dedos entre sí—. No porque yo quisiera. Nunca quise.
De repente sentí que algo se tensaba dentro de mí.
Herminia continuó.
—Durante ocho años me mantuvo encerrada. Como si fuera suya. Como si no tuviera derecho a decidir nada sobre mi propia vida. —Su respiración empezó a desordenarse—. Me amenazaba, me golpeaba, me castigaba cuando hacía algo que no le gustaba. Me torturaba cuando quería enseñarme una lección. Y...
La palabra murió en su garganta.
No aparté la mirada. Vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas antes de que intentara parpadearlas.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...