~MAKSIM~
Al día siguiente llegamos a Moscú y un convoy de tres camionetas negras nos esperaba al pie de la pista. Reconocí inmediatamente a los hombres que custodiaban la zona. Eran míos. Volkov. Rostros conocidos. Hombres que llevaban años sirviéndome y que todavía seguían vivos porque sabían cuándo apretar el gatillo y cuándo cerrar la boca.
Denis y Vadim estaban al frente. Ambos avanzaron apenas me vieron. Denis fue el primero en estrecharme el brazo.
—Pakhan.
Vadim hizo lo mismo.
—Señor.
Asentí. No había tiempo para formalidades.
—Hablen.
Denis intercambió una rápida mirada con Vadim antes de empezar.
—Petrov ha cambiado de ubicación tres veces en los últimos ocho días.
Eso me hizo apretar la mandíbula.
—¿Por qué?
—Paranoia —respondió Vadim—. O información.
Alessia se tensó a mi lado. No hacía falta decir más. Todos entendimos exactamente a qué se refería. El soplón seguía hablando.
—¿Dónde está ahora? —pregunté.
Denis negó.
—No tenemos ubicación fija.
Eso me irritó inmediatamente.
—¿Cómo m****a no la tienen?
—Porque no se queda más de unas horas en el mismo lugar —respondió Vadim—. Está moviéndose entre casas seguras, almacenes y propiedades industriales.
Artem dio un paso al frente.
—Eso significa que espera un ataque.
—Sí —dijo Denis—. Y está reuniendo hombres.
Eso me hizo mirarlo fijamente.
—¿Cuántos?
—No tenemos número exacto. Pero han llegado refuerzos eslovacos y ucranianos.
Alessia soltó un resoplido bajo.
—Está armando un ejército.
—O preparándose para huir —dijo Paolo.
Negué.
—Leonid Petrov no huye.
No era su estilo. Lo conocía demasiado bien. Si estaba reuniendo hombres era porque planeaba aplastarnos... o morir intentándolo.
Nos subimos a las camionetas y dejamos la pista de aterrizaje atrás.
Llegamos a una de las casas seguras Volkov al norte de la ciudad. Una propiedad vieja, enorme y completamente blindada, usada solo para reuniones de guerra y operaciones delicadas.
Entramos directamente al salón principal, donde todo estaba preparado para iniciar la operación: mapas, armas, monitores, reportes. Eso me gustó. Porque significaba que al menos alguien seguía haciendo bien su maldito trabajo.
Denis extendió varios documentos sobre la mesa.
—Estos son los últimos movimientos confirmados.
Me acerqué y Alessia se colocó a mi lado. Artem al otro. Nicolo y Paolo detrás.
Vadim señaló tres puntos distintos.
—Aquí, aquí y aquí.
Observé las ubicaciones, separadas, móviles, inestables.
Leonid se movía como una sombra y eso complicaba todo.
—Necesitamos atraparlo en movimiento —dijo Alessia.
La miré. Tenía razón. Atacarlo dentro de una base segura sería suicida. Pero interceptarlo mientras cambiaba de ubicación... eso era otra cosa.
Artem apoyó una mano sobre la mesa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...