~ALESSIA~
Apenas Maksim confirmó con la mirada que ambos sabíamos exactamente quién acababa de entrar en aquella nave, avancé sin perder un segundo más.
Todos nos movimos rápido, pero con la suficiente cautela para no hacer ruido. El metal oxidado crujía bajo nuestras botas y el aire helado se metía por cada rincón de mi ropa, pero mi cuerpo estaba demasiado tenso como para sentir frío.
La adrenalina me quemaba por dentro, pero no podía dejar que eso me hiciera cometer un error. Habíamos cruzado medio mundo para llegar hasta ese punto y no pensaba echarlo a perder por precipitarme, ya que la nave estaba lo suficientemente llena de hombres custodiando la seguridad del lugar.
Nicolo fue el primero en detectarlo.
Levantó dos dedos y señaló hacia una torre de carga oxidada al lado derecho de la estructura. Seguí la dirección de su mirada y alcancé a distinguir el leve brillo de una mira telescópica reflejando la poca luz.
Un maldito francotirador.
Maksim también lo vio.
Nos agachamos inmediatamente detrás de una fila de contenedores, esperando que todavía no nos hubiera visto.
Paolo se deslizó a nuestro lado y señaló hacia el extremo opuesto de la nave, donde otros dos hombres patrullaban lentamente entre las estructuras de carga, revisando perímetro con armas largas y no bajaban la guardia.
Petrov sabía que nosotros estábamos cerca para cazarlo y estaba preparado para ello.
Artem se acercó, sin despegar la espalda de la pared.
—Tres visibles —dijo en voz baja—. Y seguramente hay más alrededor.
Maksim observó el terreno durante unos segundos antes de girar hacia Nicolo y Paolo.
—Los de abajo son de ustedes.
Los hermanos Ravelli asintieron al mismo tiempo, sabiendo exactamente qué debían hacer.
Maksim me miró después.
—El francotirador.
Asentí.
Me deslicé junto a Denis hacia el costado derecho, buscando mejor ángulo entre las estructuras oxidadas. El hombre estaba bien colocado, arriba, con visión directa hacia casi toda la zona de carga. Si empezaba el infierno con él vivo, nos abriría en dos.
Tenía que caer primero.
Le hice una seña a Denis y él rodeó por abajo para acercarse a la torre mientras yo subía por una vieja escalera lateral, lenta y silenciosamente, con la pistola lista y el cuchillo sujeto entre los dientes.
Cada escalón crujía apenas bajo mis botas, pero el hombre seguía mirando hacia el frente. No me había escuchado.
Maksim se inclinó apenas hacia mí.
—Petrov tiene que estar más adentro.
Asentí.
Eso era evidente.
Aquellos hombres no estaban allí por casualidad. Eran un muro y la única forma de llegar hasta Leonid era atravesarlo.
Nos movimos lentamente, tomando posiciones para reducirlos sin hacer ruido. Denis y Vadim rodearon por la izquierda. Nicolo y Paolo se separaron hacia la derecha. Maksim, Artem y yo nos mantuvimos en el centro.
Todo iba bien, asta que uno de los hombres giró justo cuando Vadim estaba a punto de alcanzarlo.
Sus ojos se abrieron.
—¡Intrusos!
M****a.
El primer disparo reventó dentro de la nave como una maldita explosión y todo se convirtió en caos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...