~MILA~
Me quedé inmóvil, todavía sin entender muy bien lo que estaba pasando.
Sentía el cuerpo tenso, como si algo dentro de mí supiera que aquello estaba mal, muy mal, aunque mi cabeza todavía no terminaba de encajar las piezas.
¿Quién diablos era ese hombre? ¿Cómo demonios sabía quién era yo? ¿Cómo sabía de Leonid Petrov? ¿Cómo sabía que era justamente yo la persona que estaba ocultándose allí?
Mientras yo todavía estaba tratando de entender, Bruno dio un paso al frente, colocándose apenas delante de mí como una barrera.
Su voz salió dura al hablar.
—¿Gio, cómo es que sabes todo eso? ¿Cómo te atreves a hablar de mi hija y de su esposo de esa manera?
Ese tal Gio sonrió socarrón, pero no respondió.
Bruno lo observó durante unos segundos, y vi el momento exacto en que algo encajó en su cabeza. Fue sutil. Apenas un cambio en su expresión. Pero lo vi. La dureza en sus ojos se transformó en algo mucho más frío: comprensión, rabia, traición.
La ira lo atravesó y provocó que su semblante se desencajara.
—Fuiste tú —dijo Bruno con voz baja y cargada de veneno—. Todo este tiempo... tú has sido el maldito informante. Tú has sido el maldito hombre que nos ha estado traicionando.
Gio soltó una carcajada, como si aquello le resultara genuinamente divertido.
—Mira nada más. Al final no eres tan estúpido como yo pensaba.
El brillo del metal apareció tan rápido que apenas lo vi.
Sacó una pistola de debajo de su chaqueta y la apuntó directo al pecho de Bruno.
Un jadeo de terror se escapó desde lo más profundo de mi garganta y mi respiración se trabó. Di un paso atrás por puro instinto, levantando las manos para ponerlas delante de mí como un escudo.
Qué estúpida. Como si eso me iba a poder salvar ante una bala.
Seguidamente, el tal Gio levantó la otra mano e hizo una pequeña señal con los dedos.
M****a.
De inmediato, otros hombres armados empezaron a salir de entre los setos, de detrás de las esculturas de piedra y de los rincones oscuros del jardín, como fantasmas emergiendo de la tierra.
Eran muchos. Todos armados. Todos con la misma expresión vacía de quienes ya habían venido preparados para matar.
Pero lo que me revolvió el estómago no fueron las armas que portaban para amenazar, sino que fueron las cabezas que llevaban sujetas del cabello en la mano libre.
Aunque a duras penas, reconocí sus rostros. Eran los hombres de seguridad de Bruno. Los mismos que nos habían recibido al llegar y que custodiaban la seguridad de la casa, de Gio y de mi persona.
Sentí náuseas y que mis piernas se volvían tde gelatina mientras un estremecimiento me recorría.
Oh, Dios mío.
Bruno los vio también y su mandíbula se tensó.
—¿Qué m****a significa esto, Gio? ¿Qué estás haciendo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...