~MILA~
Todo pasó demasiado rápido, como un relámpago iluminando el cielo.
Vi cómo el tal Gio apretaba el gatillo y el disparo estallaba en medio del jardín, rompiendo el aire como una cuchillada. Bruno se movió apenas, pero no supe si fue para esquivarlo o si la bala le había dado. Lo único que vi fue su cuerpo tambalearse hacia atrás y caer sobre los rosales, para luego deslizarse al suelo, donde el tal Gio aprovechó para asestarle otro disparo.
—¡Bruno! —grité con todas mis fuerzas, desgarrándome la garganta.
El pánico me atravesó como hielo. Pero aún así quise ayudarle, sin embargo no tuve tiempo para correr hacia él.
—¡Atrápenla! —rugió ese tal Gio—. ¡Viva! ¡No la maten!
Uno de sus hombres se lanzó hacia mí y ni yo supe cómo fue que pude reaccionar. Quizá fue obra de mi instinto de supervivencia o probablemente se debió al buen entrenamiento que recibí, y seguramente fue eso, porque en ese momento todo lo que Alessia, Nicolo y Paolo me habían repetido durante aquel mes me golpeó la cabeza al mismo tiempo.
«No pienses. Muévete.»
El hombre me agarró del brazo, pero giré el cuerpo con fuerza y como pude clavé el codo en su garganta y le pisé la rodilla con todo mi peso. Lo escuché maldecir en italiano mientras se doblaba y aproveché para golpearle la sien con la palma de la mano, soltándome de su agarre.
Logré que me soltara y comencé a correr, lanzándome hacia los rosales sin pensar.
Las espinas me desgarraron los brazos, las piernas y parte del rostro mientras atravesaba los arbustos a la fuerza. Sentía los cortes arder, la ropa engancharse y romperse, pero no me detuve, porque detrás de mí escuchaba pasos, muchos y la voz de Gio.
—¡No dejen que escape!
Seguí corriendo entre los senderos de grava, tratando de recordar la distribución del jardín, buscando una salida, cualquier cosa, pero aquel lugar era un maldito laberinto de piedra, arbustos y fuentes, y, sumado a eso, mi mente se sentía totalmente atrofiada por la situación.
Un brazo me rodeó la cintura de repente y me arrancó del suelo con fuerza. Solté un grito y empecé a forcejear con él.
El hombre me arrastró contra su pecho mientras intentaba inmovilizarme.
No.
No.
No iba a dejarme atrapar así, con tanta facilidad, afirmándole a los demás que era verdad que yo era una completa inútil.
No. Yo tenía que luchar y, al menos, no dejarles las cosas tan fáciles.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...