~MAKSIM~
El explosivo que le habíamos metido a Leonid en la boca era tan fuerte que la onda expansiva de la explosión golpeó incluso hasta donde yo estaba. Tuve que cubrirme con los brazos y hacer palanca con mis piernas para que la fuerza no me lanzara al suelo.
Gio salió lanzado hacia atrás, estampándose contra el concreto, mientras Alessia se tiraba al suelo justo a tiempo, cubriéndose la cabeza cuando fragmentos de metal y restos humanos cayeron sobre todo el maldito muelle.
El caos fue inmediato. Los disparos empezaron desde todos lados, tanto de nuestro bando como del de Gio Marchetti.
Los hombres de la Bratva salieron de sus posiciones ocultas al mismo tiempo que los de Aldo Valentini cerraban el perímetro y convertían aquel lugar en una carnicería. Artem abrió fuego desde la derecha, Nicolo y Paolo desde los contenedores, y los italianos leales a Alessia cayeron sobre los de Gio como lobos hambrientos.
Todo explotó en sangre.
Todo.
Yo no pensé. Corrí directo hacia Mila.
Dos hombres de Gio trataron de cerrarme el paso, pero les disparé antes siquiera de que levantaran sus armas. El primero cayó con la garganta abierta y borbotones de sangre comenzaron a emanar del agujero. Al segundo le volé media cara antes de seguir avanzando.
Mila seguía en el suelo. Aturdida por la explosión. Cubierta de sangre que ni siquiera era suya, pero seguía viva.
Joder. Mi hermanita estaba viva.
Uno de los bastardos de Gio apareció por detrás con un cuchillo, dispuesto a degollarla allí mismo, pero desde su posición Paolo le metió una bala en la cabeza antes de que pudiera tocarla. El cuerpo cayó a un lado y Mila levantó la mirada hacia nosotros con los ojos llenos de terror.
—¡Maksim! ¡Paolo!
Llegué hasta ella y la solté de inmediato, rompiendo las ataduras con las manos mientras a nuestro alrededor el infierno seguía ardiendo. Las balas golpeaban el metal, reventaban cajas, arrancaban chispas y hacían que todo aquel lugar se sintiera como una tumba abierta.
Cuando Mila estuvo libre, la cubrí con mis brazos para sacarla de allí y ponerla a salvo.
—Vamos. Rápido.
Su respiración era errática. Su cuerpo temblaba. Pero como pudo asintió y comenzó a correr junto a mí.
Un grupo de soldados de Gio Marchetti vino hacia nosotros al ataque. M****a, eran demasiados, pero no iba a dejar que me partieran el culo y le hicieran daño a Mila. No otra vez.
Empuñé mi pistola y comencé a dispararles. Le di a uno en el hombro y a otro en el estómago, pero eran tantos que pronto me acorralaron.
Mila gritó aterrorizada y la empujé detrás de una vieja estructura. Luego me lancé detrás de ella, resguardándonos, y comencé a disparar desde allí.
Una lluvia de balas enemigas golpeó la pared con fuerza, haciéndola estallar en miles de fragmentos. La tierra saltó bajo nuestros pies. Siseé y apreté los dientes mientras mis dedos se enroscaban alrededor del arma que empuñaba.
Asomé la cabeza por un lateral para ver lo cerca que estaban los enemigos. M****a, parecía que estaba jodido. Al menos una docena de hombres se interponían en mi camino y avanzaban hacia nosotros... a atacar, por supuesto.
Volví a disparar pero no le di a ninguno. Lo que conseguí fue que otra lluvia de balas golpeara la estructura de hierro que había detrás de nosotros.
Mila se ovilló cubriéndose con sus brazos y chilló de miedo, mientras yo volvía a asomar la cabeza para buscar una ruta de escape.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...