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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 157

~MAKSIM~

Aproveché que Alessia había ido a darse un baño para quitarse toda la sangre y la suciedad del cuerpo para ir a visitar a Mila y ver cómo se encontraba.

Llegué a la habitación que Alessia había destinado para ella y golpeé la puerta.

—Adelante —respondió mi hermana desde el otro lado con una voz débil y cansada.

Giré el pomo y abrí la puerta.

Mila sonrió débilmente al verme.

Entré, cerrando la puerta tras de mí y me acerqué a la cama.

—Qué gusto que estés aquí, Maksimka —manifestó.

Me senté en la orilla, la rodeé con mis brazos y la atraje hacia mí para depositar un dulce beso en su frente.

—¿Cómo te sientes? —le pregunté al soltarla.

—Un poco adolorida, pero bien. Feliz de estar con los míos y fuera de ese calabozo en el que Gio Marchetti me tenía encerrada.

Sentí que el corazón se me apretaba al imaginar todo lo que la pobre tuvo que pasar allí dentro, siendo prisionera de ese hijo de puta.

Le sujeté la barbilla con suavidad y, frunciendo el ceño, la miré a los ojos.

—¿Estás segura de que estás bien?

—Sí, Maksim. En serio —respondió—. La doctora Amato regresará mañana con los resultados de los análisis de sangre que me ha hecho.

La doctora Amato era prima de Alessia y la doctora privada de la Camorra. Desde que trajimos a Mila a la casa se había puesto a su servicio para revisar los golpes en su cuerpo, estabilizar su temperatura que se había bajado por el frío que había pasado en esa celda y para hidratarla.

—Espero que esos resultados te tranquilicen —siguió— para que ya no sigas torturándote más.

Joder.

Ella no tenía ni la más mínima idea de en qué forma me estaba torturando.

Solté un resoplido y me pasé la mano por el rostro.

—Malýshka, de verdad lamento mucho no haber podido protegerte como debías y que hayas tenido que pasar por todo lo que pasaste.

Mila me agarró la mano y la apretó. Negó con la cabeza y replicó:

—No te culpes, Maksimka. Tú no tuviste la culpa de lo que pasó.

—Sí la tuve, Mila —rebatí—. Yo nunca debí dejarte sola. Yo debí ser más astuto e imaginar que el traidor estaba cerca y que podría hacerte daño.

Volvió a negar con su cabeza.

—Lo que tenía que pasar pasó, Maksim. Alessia tenía razón. No siempre puedes protegerme. Ya soy una adulta y necesito poder cuidarme y defenderme a mí misma.

—Para mí tú siempre serás mi hermanita, la luz de mis ojos y mi deber siempre será cuidarte.

Esbozó una sonrisa y apoyó su cabeza contra mi hombro con ternura.

—Y te lo agradezco, pero agradecería más que me ayudes a valerme por mí misma en medio de este mundo plagado de peligro. Tú ahora tienes otras responsabilidades y probablemente pronto tengas otras responsabilidades y otras personas a quienes procurar.

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