~MAKSIM~
Salí de la habitación de Mila y regresé a la que estaba compartiendo junto a Alessia. Al abrir la puerta, lo primero con lo que me encontré fue con Alessia saliendo del baño, solamente envuelta en una toalla, con la piel húmeda y el cabello rubio cayéndole a un lado.
Al verla, no pude evitar que mi mirada desvergonzada recorriera su cuerpo, absorbiendo el perfil de su culo, sus piernas y sus deliciosas y jugosas sandías.
Mis ojos permanecieron fijos en mis mejores amigas mientras un calor lujurioso corría por mis venas, elevando la temperatura de mi sangre unos pocos grados, y un tic me estremeció la polla en respuesta.
Joder. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que habíamos tenido sexo y no sabía lo mucho que estaba necesitando estar bien enterrado en su coño.
Cuando mis ojos regresaron a su cara, me di cuenta de que los ojos de Alessia brillaban con alegría y levantó una ceja perfectamente arqueada.
—¿Qué? —murmuró.
—¿Acaso un hombre no puede ver a su mujer? —repliqué, dando unos pasos para acercarme.
Cuando me detuve justamente delante de ella, Alessia tuvo que inclinar un poco la cabeza hacia atrás para verme a los ojos.
—Sí, puede. Pero tú me miras como si quisieras comerme —respondió, reprimiendo una sonrisita llena de malicia.
—Quizá es porque quiero comerte —admití—. Ha pasado un buen tiempo desde la última vez que tuve el privilegio.
La sonrisa en su boca se desapareció. Yo pensé que quizá por todo lo que acaba de ocurrir a nuestro alrededor no estaría de ánimo y mi comentario la había ofendido. Pero, de repente, me empujó contra la pared, se puso de puntillas y presionó su cuerpo contra el mío.
Sus dedos recorrieron mi cabello mientras su boca probaba la mía. M****a. Me encontré con su lengua con hambre y necesidad mientras mis manos ahuecaban su culo a través de la gruesa tela de la toalla, apretando con fuerza.
Alessia gimió en mi boca, frotando sus grandes y carnosas tetas contra los duros músculos de mi pecho. Una de sus manos se deslizó por mi abdomen y se cerró sobre mi polla, que ya estaba dolorosamente dura.
Cómo el gran hijo de puta calenturiento que era, moví mis caderas, conduciéndome contra su palma para ponerme más duro de lo que ya estaba.
Agarrando su mano, nos di la vuelta, atrapándola entre la pared y mi cuerpo, con el brazo levantado por encima de su cabeza, presionando la madera.
—Tan dominante —bromeó.
La silencié con un beso más fuerte, empujando mi pelvis contra ella para mostrarle lo que la esperaba.
Le arranqué la toalla del cuerpo y la lancé al suelo, dejándola completamente desnuda para mí.
—Guarda silencio y quédate quietecita —le ordené.
Se mordió el labio, sofocando una sonrisa cuando me puse de rodillas, sonriendo oscuramente mientras separaba sus piernas para dejar su coño bien dispuesto para mí.
—¿Recuerdas la primera vez que me comí tu coño? —le pregunté, con la voz ronca por el deseo y la lujuria.
Ella amplió su postura ligeramente, haciendo un pequeño movimiento de balanceo impaciente con su pelvis.
—¿Cómo podría olvidarme? Fue lo mejor que jamás había sentido. —Su voz estaba cargada de excitación.
Seguí empujando y chupando hasta que comenzó a sacudirse, abrumada por la sensación.
Deslizando mis dedos fuera de su canal, metí mi lengua adentro, causando que dejara salir otro gemido bajo.
Finalmente y muy desesperado, me puse de pie, empujando mis pantalones fuera de mis piernas y choqué mis labios contra los suyos para que pudiera saborear su propio sabor.
—¿Lista para ser follada ahora? —gruñí.
—Oh, sí —gimió. Tenía las mejillas de mármol enrojecidas de deseo.
La levanté contra la pared y envolvió sus piernas alrededor de mis caderas. Mirándola fijamente, me dirigí hacia ella con un fuerte empujón que la levantó contra la dura superficie. Sus paredes vaginales se cerraron alrededor de mi polla e inclinó la cabeza hacia atrás con un jadeo, dejando al descubierto su garganta perfecta.
Mi boca marcó su impecable piel, mis dedos se clavaron en sus suaves muslos mientras la golpeaba una y otra vez. Sus uñas se clavaron en mis hombros, sus labios se separaron, mientras mantenía los párpados cerrados de placer.
El agarre de sus uñas se volvió doloroso en mi carne cuando nos apreté más y sus talones se clavaron en mi trasero. Gemí, mis bolas se apretaron desesperadas por alcanzar el clímax, pero seguí embistiéndola, empujándola contra la pared y luego ella se congeló con un hermoso grito.
Tuve que tomar todo mi puto autocontrol para no ser arrastrado con ella.
Gruñendo, seguí meciendo mis caderas hasta que ella se ablandó, y su cabeza cayó hacia adelante por un beso descoordinado.
—No te pongas demasiado cómoda, mi Koroleva. No he terminado contigo —le dije con rudeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...