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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 158

~MAKSIM~

Salí de la habitación de Mila y regresé a la que estaba compartiendo junto a Alessia. Al abrir la puerta, lo primero con lo que me encontré fue con Alessia saliendo del baño, solamente envuelta en una toalla, con la piel húmeda y el cabello rubio cayéndole a un lado.

Al verla, no pude evitar que mi mirada desvergonzada recorriera su cuerpo, absorbiendo el perfil de su culo, sus piernas y sus deliciosas y jugosas sandías.

Mis ojos permanecieron fijos en mis mejores amigas mientras un calor lujurioso corría por mis venas, elevando la temperatura de mi sangre unos pocos grados, y un tic me estremeció la polla en respuesta.

Joder. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que habíamos tenido sexo y no sabía lo mucho que estaba necesitando estar bien enterrado en su coño.

Cuando mis ojos regresaron a su cara, me di cuenta de que los ojos de Alessia brillaban con alegría y levantó una ceja perfectamente arqueada.

—¿Qué? —murmuró.

—¿Acaso un hombre no puede ver a su mujer? —repliqué, dando unos pasos para acercarme.

Cuando me detuve justamente delante de ella, Alessia tuvo que inclinar un poco la cabeza hacia atrás para verme a los ojos.

—Sí, puede. Pero tú me miras como si quisieras comerme —respondió, reprimiendo una sonrisita llena de malicia.

—Quizá es porque quiero comerte —admití—. Ha pasado un buen tiempo desde la última vez que tuve el privilegio.

La sonrisa en su boca se desapareció. Yo pensé que quizá por todo lo que acaba de ocurrir a nuestro alrededor no estaría de ánimo y mi comentario la había ofendido. Pero, de repente, me empujó contra la pared, se puso de puntillas y presionó su cuerpo contra el mío.

Sus dedos recorrieron mi cabello mientras su boca probaba la mía. M****a. Me encontré con su lengua con hambre y necesidad mientras mis manos ahuecaban su culo a través de la gruesa tela de la toalla, apretando con fuerza.

Alessia gimió en mi boca, frotando sus grandes y carnosas tetas contra los duros músculos de mi pecho. Una de sus manos se deslizó por mi abdomen y se cerró sobre mi polla, que ya estaba dolorosamente dura.

Cómo el gran hijo de puta calenturiento que era, moví mis caderas, conduciéndome contra su palma para ponerme más duro de lo que ya estaba.

Agarrando su mano, nos di la vuelta, atrapándola entre la pared y mi cuerpo, con el brazo levantado por encima de su cabeza, presionando la madera.

—Tan dominante —bromeó.

La silencié con un beso más fuerte, empujando mi pelvis contra ella para mostrarle lo que la esperaba.

Le arranqué la toalla del cuerpo y la lancé al suelo, dejándola completamente desnuda para mí.

—Guarda silencio y quédate quietecita —le ordené.

Se mordió el labio, sofocando una sonrisa cuando me puse de rodillas, sonriendo oscuramente mientras separaba sus piernas para dejar su coño bien dispuesto para mí.

—¿Recuerdas la primera vez que me comí tu coño? —le pregunté, con la voz ronca por el deseo y la lujuria.

Ella amplió su postura ligeramente, haciendo un pequeño movimiento de balanceo impaciente con su pelvis.

—¿Cómo podría olvidarme? Fue lo mejor que jamás había sentido. —Su voz estaba cargada de excitación.

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