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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 169

~MILA~

Giré la cabeza hacia un lado y luego hacia el otro, encontrándome con las sonrisas tranquilas de Nicolo y Paolo. Los dos conversaban con algunos de los hombres sentados al otro extremo de la mesa mientras esperábamos que comenzara la cena, pero, aun así, parecían atentos a cada uno de mis movimientos y eso me hizo sonreír.

Aprovechando que todavía nadie prestaba demasiada atención a nosotros, me incliné apenas hacia ellos y bajé un poco la voz.

—¿De verdad van a seguir dejándome con la intriga? —pregunté con una mezcla de curiosidad y resignación—. ¿No piensan decirme cuál de los dos será el hombre con el que voy a casarme o de verdad tendré que esperar hasta el mismo día de la boda para descubrirlo?

Los hermanos intercambiaron una mirada cómplice y, casi al mismo tiempo, sonrieron. Aquella simple reacción me confirmó que ninguno de los dos pensaba facilitarme las cosas.

—Tendrás que esperar hasta el día de la boda, principessa —respondió Nicolo con absoluta tranquilidad—. Será allí, cuando llegues al altar, donde descubrirás cuál de los dos será el afortunado que podrá llamarte su esposa ante los ojos de todos los que están fuera de la Bratva Volkov y de la familia Cardinale.

Fruncí el ceño.

—¿Y por qué tanto misterio? ¿Por qué no pueden decírmelo de una vez? ¿De verdad piensan ser tan malvados como para dejarme con la intriga?

Paolo apoyó un brazo sobre el respaldo de mi silla y me dedicó una mirada cargada de ternura.

—No lo hacemos por maldad.

—Entonces, ¿por qué?

Los dos volvieron a mirarse durante un instante antes de que Nicolo respondiera.

—Porque solo así podremos saber una cosa.

Lo observé confundida.

—¿Qué cosa?

—Si de verdad nos amas a los dos por igual.

Parpadeé varias veces, sin comprender.

—No entiendo.

Paolo tomó la palabra.

—Imagina que llega el día de la boda. Caminas hacia el altar, levantas la vista y descubres quién de los dos está esperándote. Si en ese momento sientes una profunda decepción porque esperabas encontrar al otro, significará que, en el fondo, uno de nosotros siempre ocupó un lugar más importante en tu corazón y que el otro solo era una ilusión... o una hermosa compañía.

Negué despacio.

—No creo que eso sea tan sencillo.

—Puede que no lo sea —admitió Nicolo—, pero el corazón casi nunca miente cuando se enfrenta a un momento como ese.

Me quedé pensando en sus palabras.

Había algo de verdad en ellas, aunque todavía no terminaba de convencerme.

—Sigo sin entender su plan —confesé al cabo de unos segundos—. De cualquier manera voy a casarme con uno de ustedes y probablemente nunca sepan si, en realidad, yo prefería al otro. ¿Cómo podrían vivir con esa duda?

Los hermanos sonrieron con una serenidad que me desconcertó.

—Porque no tendríamos que vivir con ella —contestó Paolo.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Cómo que no?

—Porque, si cuando llegues al altar descubres que el hombre que está esperándote no es el que realmente deseabas ver allí, tendrás todo el derecho de decirlo.

Lo miré sin comprender.

Fue Nicolo quien terminó la idea.

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